domingo, 9 de marzo de 2014

Amistad

Cuando comenzó a sangrar la llevé al hospital. Sabíamos que estaba embarazada y aquella sangre ponía en evidencia las molestias que había tenido casi desde el comienzo y que ella se afanaba en ignorar. Pero ahora las molestias se habían teñido de rojo y de dolor intenso. Ahora ya no podía mirar hacia otro lado.
Era un embarazo ectópico y el embrión había hecho estallar una de las trompas de falopio.
Cuando la luz volvió a inundarle los ojos y me miró no tuve más remedio que decirle la verdad: había perdido mucha sangre, al bebé y a la trompa de falopio.
Ella miró hacia el infinito, tan pálida como una dama del siglo diecinueve, giró su cabeza hacia la ventana, contempló el pequeño trocito de cielo azul y sonrió con levedad y amargura.
- Todo eso he perdido en menos de dos horas. Con razón hay gente que me llama despistada.
Yo sonreí también. Me acurruqué junto a la debilidad de su cuerpo y puse mi cabeza encima de su corazón. Queria darle abrigo y cobijarla. Cuidarla.

( Imagen extraída del blog eljardindemiduende.blogspot.com)