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miércoles, 20 de junio de 2012

Correo electrónico



Para: Ti
De: Mí
Asunto: Te esperamos

Hola:
Ayer fui a uno de esos mercaditos donde la gente vende lo que ya no quiere o lo que le recuerda demasiadas cosas.  Entre libros amarillentos, muebles viejos y herramientas oxidadas,  apareciste tú. Mejor dicho, llegó hasta mí un vestido que hablaba tu lengua de colores.
Y lo compré. Ahora somos dos esperándote en la misma habitación. Yo, aspirando tu aroma en el lado de la cama que a veces habitas, y él, oscilando en la mesilla de noche, despidiendo arcoiris.
 No le hagas esperar mucho.  Es un poco frágil y a veces pierde algún pétalo.

Un abrazo

Quien tú sabes.



( No sé a quien pertenece la imagen, extraída de internet)

domingo, 3 de junio de 2012

Cuestión de tiempo



´" Es cuestión de tiempo" , le dijo el médico mientras escrutaba sus galerías con luz de minero. Y ella no entendió  lo que quería decir.
Lo había sentido nada más llegar a Allí y el ritmo de los días sólo aumentó la sensación. Ahora que estaba Aquí no sabía qué hacer.
Primero pensó que se le había partido el corazón y ya siempre andaría sólo con la mitad, como esas mujeres que caminan desesperadas buscando la otra parte y nunca la encuentran. Lo peor de todo era que ella sí sabía dónde estaba su mitad. En Allí. Y ella pertenecía a Aquí.
" Me has domesticado, decía a Allí, me has domesticado y ya sabemos que cuando a una la domestican corre el riesgo de llorar un poco". Y se resignó a no volver a ser nunca un ser completo.
Pero fue cuestión de tiempo. Porque un día sintió un latido donde no tenía el corazón y al buscarse en la otra parte de su pecho sintió el pálpito de Allí.
A veces el corazón no se parte.
 Se hace doble.
 Se multiplica.
Es cuestión de tiempo.

( Cuadro de la pintora china Yousha Liu)

lunes, 16 de enero de 2012

En la montaña


La gente estaba ya entrando en ese momento de la fiesta en que los efectos del alcohol propician que todos comiencen a adorarse, abrazarse y decirse lo mucho que se quieren y lo grandes amigos que son. Pero ni yo ni Carmen habíamos bebido, así que mirábamos atónitas cómo el mundo de nuestros amigos y amigas se adoraba en dimensiones jamás vistas.
Comencé a hartarme de ese clima meloso empapado en alcohol y decidí salir a tomar el aire fuera de la casa. Carmen me siguió, no sé exactamente si para cerciorarse de que yo salía con todas las chaquetas y bufandas reglamentarias para sumergirse en la intemperie una nochevieja perdida en una casa en medio de la montaña, o simplemente, me siguió porque ella también estaba harta de tantas fiestas y la tácita obligación de divertirse en nochevieja.
Nos sentamos en el porche de la casa y miramos las estrellas.
En el horizonte apareció una luz roja que parecía envuelta en fuego, y de ella salieron dos luces rojas más que se elevaron en vertical y comenzaron a aproximarse, con mucha velocidad, hacia donde estábamos nosotras.
No podía dejar de mirar las tres luces de fuego y me pregunté qué haríamos cuando esos artefactos estuvieran a nuestra altura. Carmen también los miraba, callada.
Conforme se iban acercando , mi pregunta de qué hacer se iba haciendo más acuciante, pero tal y como habían surgido, el cielo las absorbió.
Pasaron unos segundos de silencio que Carmen rompió para susurrar: “ Las ha tapado una nube”… Pero El Carro, Orión y todas las constelaciones se mostraban demasiado evidentes como para aferrarse a la fantasía de una nube. Seguimos mirando el cielo por unos segundos. Yo, preguntándome y en el fondo temiendo, volver a ver las luces de fuego, Carmen, estoy segura, intentando buscar una explicación en su mente científica.
No las volvimos a ver. Y cuando nos cansamos de mirar hacia el cielo, nuestras pupilas se cruzaron sin mediar palabra y al mismo tiempo acordando no contar nada.
Sería nuestro secreto.
A la mañana siguiente, Carmen me preguntó en voz baja y sonriendo: “ ¿ Te hubieras ido con ellos?” Y por mi mente pasaron las crisis que son estafas y saqueos, el amor de mi vida… Todavía no le he contestado.

(Cristina Carrasco)