lunes, 2 de noviembre de 2020

Vestida de otoño

 



Querida hermana:

Ha llegado el otoño con su ceremonial de hojas secas aunque aquí, a orillas de un Mediterráneo que sigue engullendo seres desesperados, la temperatura es un poco de inicio del verano. 

Aún así, siento la sutil y efímera luz de noviembre. La que tanto me gusta. La que me lleva a cubrirme de otoño con la hojarasca como vestido y las castañas como alimento. 

¿Sabes? Si siempre fui un ser solitario con tendencia al aislamiento, ahora lo soy más y ¿sabes? Cada vez encuentro más fascinante sumergirme en la soledad y el silencio. 

Será esta estación que invita al adentro y serán estos tiempos de reuniones prohibidas. Ahora, con algunas amigas ya no vamos a ningún bar ni lugar cerrado. Nos calzamos zapatillas y salimos a pasear. Arriba, arriba, llegamos a lo alto de la avenida y allí nos sentamos dos enfrente de otras dos y hablamos un poco. Después bajamos y con abrazos virtuales volvemos a casa. Me parece romántico y me recuerda a cuando tenía once años y comenzaba a salir sola con amigas. 

Hay una crisis profunda en mi lugar de voluntariado y algunas personas abandonarán el barco. Otras intentaremos resistir y tirar para adelante. Quizá cuando demos el primer paso, aparezca la roca que nos ayude a cruzar el abismo... ¡tenemos tanto que aprender en tan poco tiempo!

Las últimas mañanas de caminata con Bella están siendo preciosas. Un día de la semana pasada vimos una libélula con las alas transparentes muy grandes. Era preciosa. Otro día vimos  una de las ardillas que viven en el Auditori. Estaba sentadita en el césped como esperando algo y después salió corriendo y se subió a un olivo. Pocos días después vimos una abubilla muy majestuosa con la pequeña cresta levantada como en alerta. ¡Hacía más de un año que no veíamos una! y me quedé petrificada, observándola muy quieta para no asustarla y que saliera volando. Pero de eso se encargó Bella y la abubilla salió volando mientras yo pensaba si tendré que esperar otro año largo para volver a verla. ¡Es tan curioso y tan bello el mundo de los seres alados!.

También, con el otoño, han vuelto los tés calentitos y las infusiones mientras escribo o reflexiono mirando por la ventana. Como ves, este mal de tod@s se ha llevado muchas cosas pero sigue dejando otras intactas.

Y ya me voy con mi  vestido de otoño. 

Te mando un abrazo desde casa. El mejor lugar del mundo.

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Texto: Cris Carrasco García

Imagen: Cris Carrasco García