Crece en su cuarto
llena de granada
la sombra de la luna.
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Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Cris Carrasco García
Crece en su cuarto
llena de granada
la sombra de la luna.
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Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Cris Carrasco García
Escribo transitando el azul turquesa.
Otra vez buscando la tribu y el aroma
de sus abrazos.
Soy Mujer rastreando lugares
para habitar la medianera de la vida
más allá de los frágiles encajes
de las telarañas.
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(Cris Carrasco García)
Imagen: Cris Carrasco García
Ayer fue uno de esos días. Justo ayer.
Esos en que parece que la humanidad entera se ha confabulado para enervarte de tal manera que cuando llega la noche sólo quieres estar en el sofá con los cascos canceladores de ruido y no saber nada, pero nada, pero nada de nada del mundanal ruido. No quieres siquiera escuchar una voz humana.
Justo ayer.
Día con hormonas revueltas y personal que no colabora.
Mujer experta en menopausia que te dice que a partir de ahora será imprescindible hacer ejercicios de fuerza (fuerz... ¿qué? Anda ya). Yo con mi tai chi, mis caminatas y mis estiramientos tengo más que suficiente. Estudiante con cuatro temas de retraso y coordinadora que te obliga a hacerle un plan de recuperación (¿pero la estudiante no es una persona adulta? ¿No elegió estudiar ésto libremente? ...) y además la estudiante es una persona grosera y maleducada... Mi pelo que está tan rebelde como mis hormonas y hace mucho viento. Ideal para sacar a pasear la rosácea.
Hasta ahí, todo más o menos bien.
Sí, más o menos bien.
Le escribo a la señora experta en menopausia diciéndole que no pienso hacer ejercicios de esos porque para mí imprescindible, lo que se dice imprescindible es comer, beber agua e ir al baño. Todo lo demás puede entrar en la categoría de ya lo haré mañana, si tengo ganas. Además, no soy una mula de carga y para más inri, quisiera yo saber qué intereses económicos ocultos hay para considerar imprescindibles unos ejercicios que hasta hace muy poco eran prescindibles. Me responde que ella está de acuerdo conmigo pero que como estos ejercicios son tendencia, tiene que apoyarlos.... cierro los ojos, los abro, los vuelvo a cerrar... como es tendencia tiene que apoyarlos aunque piense como yo... que se pare el mundo porque me bajo en la próxima.
Y así va rodando el día ventoso, sin lluvia, con sequía, con humanoides gritando, coordinadoras exigiendo, estudiantes diciendo que son libres de llevar el temario a su ritmo... una jornada muy rodada.
Llega la noche y me pongo a ver Operación Triunfo (sí, veo Operación Triunfo después de haber seguido sólo la primera edición. Dos humanoides llamados amigo y amiga se confabularon. Presento mis desexcusas porque no creo que tenga que pedir disculpas a nadie por ello). Mi amigo no me hace caso en el whatsapp. Su otro grupo de coleguis le tiene más entretenido, por lo visto. Mi amiga me escribe una parrafada digna de mandarla a aquel lugar pero no puedo hacerlo. Es mi amiga.
Lo único bueno del día llega cuando alborea la madrugada: Ruslana, mi niña rebelde, es salvada por el público y está en la final.
Me gusta Ruslana porque es rebelde y por eso le han dado por todas partes durante el concurso.
Yo también lo soy y por eso cualquier día me descabezarán.
Sí, me descabezarán, pero sin haber hecho ejercicios de fuerza porque son tendencia y con los cascos canceladores de ruido en las orejas para dejar de oir las tonterías humanoides.
¡Ánimo mi niña Ruslana, que de las rebeldes es el reino del infierno... y de los cielos!
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Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Cris Carrasco García
Velos que no muestran.
Elecciones de vida,
mujeres tamizando los caminos
entre pañuelos de color pastel.
La entereza de la suavidad.
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Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Cris Carrasco García
Tras la cortina
se abre una frontera
y me susurra
que yo también camino
al borde de la vida.
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Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Cris Carrasco García