domingo, 27 de febrero de 2011

CONDENAR LO QUE NO SE CONDENÓ

Están cayendo dictadores al ritmo de piezas de dominó y occidente mira con recelo y preocupación porque el oro negro subirá, o mejor dicho, ya está subiendo.
En un tiempo en que ya casi nadie creía en revoluciones, el mundo árabe  comienza a exigir la libertad que a muchos de sus pueblos se les negó hace tanto tiempo.
Y ahora, sólo ahora que llegan vientos de cambio, la comunidad internacional declara a Gadafi "persona non grata" pensando quizá en que debe llevarse bien con aquellos que vayan a ser sus sucesores. Esta condena llega tarde. Llega mal. Nadie llamaba a Gadafi carnicero o torturador cuando en cumbres internacionales había que reservarle un lugar para que instalara su haima , en cambio, todos se afanaban en encontrarle el mejor lugar.
Afortunadamente para el pueblo libio, su tierra tiene petróleo y eso no dejará que sean abandonados a su suerte, como ha ocurrido tantas otras veces con tantos otros pueblos mucho más "pobres".

Os dejo con un poema  de Antonio Gala que habla sobre el embrujo y exotismo que tiene Bagdad, pero que podemos aplicar también a cualquier ciudad árabe:

BAGDAD

Tenía tanta necesidad de que me amaras,

que nada más llegar te declaré mi amor.

Te quité luces, puentes y autopistas,

ropas artificiales.

Y te dejé desnuda, inexistente casi,

bajo la luna y mía.

A las princesas sumerias,

cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,

les brillaban aún sus dientes jóvenes;

se quebraron sus cráneos antes que sus collares;

se fundieron sus ojos antes que sus preseas....

Bajo la luna aún brillaban sus dientes,

mientras te poseí desnuda y mía.

 .





jueves, 24 de febrero de 2011

ES@S LECTOR@S ANÓNIM@S


Sé que estás ahí. Agazapad@ detrás de la pantalla del ordenador o de esos móvíles tan avanzados que te envían una señal cada vez que escribo. Sé que me lees y aún no estando en mi lista de "seguidores" e incluso aunque no dejes ningún comentario, quizá sin tú mism@ saberlo, dejas tu huella en cada una de las letras que yo escribo.
Sé muy poco de ti. Tan sólo que me lees desde lugares lejanos como pueden ser México, Argentina, Colombia, Venezuela, Alemania, los Países Bajos, Chile, Ecuador o Estados Unidos. Y me surgen tantas preguntas sobre ti que no sabría por dónde comenzar. ¿ Qué tal va el verano en Argentina? aquí ya casi es primavera. ¿ cómo llegaste hasta mí desde Alemania?? ¿ sabes castellano o eres un mag@ capaz de desentrañar los extraños jeroglíficos del traductor? . ¿ De qué parte de Estados Unidos me lees?...
Y tantas y tantas cosas. Aunque respeto tu elección de ser un lector anónim@. Quizá así sea más romántico. Yo escribo y tú me lees creyendo quizá que nunca sabré que pasaste por aquí. Y yo te sigo y sonrío. Y cuando desapareces por un tiempo me pregunto dónde estarás, por qué no has entrado,  si estarás enferm@ o si tienes  mucho trabajo. Y cuando apareces de nuevo es como volver a ver el sol después de muchos dias de lluvia.
Aunque nunca te haya visto. Aunque sí lo haya hecho y no recuerde que eres tú. Aunque nunca me dejes ningún comentario:
Muchas gracias por dejar aquí un pedacito de tu tiempo. Muchas gracias por leerme.

lunes, 14 de febrero de 2011

"INTERNET NO ES EL FUTURO. ES EL PRESENTE"

Me gustaron Los Goya.
Cada año, la noche de Los Goya, mientras veo a esas actrices nuestras que de tanto frecuentarlas en la pequeña y en la gran pantalla son ya como de la familia, mientras las veo, digo, pasearse vestidas de domingo por encima de una alfombra roja soñando quizá con la meta final de los oscars, no puedo dejar de recordar aquella gala legendaria en que actores, director@s, guionistas , maquillador@s, y tod@s aquell@s que forman la industria de los sueños, subieron con una pegatina en el pecho diciendo NO a la guera. Fue la primera vez. El primer grito ante una guerra injusta ¿ y cuál no lo es?  en la que el PP nos había metido. Ell@s fueron los primer@s, y a partir de ahí, la gran mayoría reaccionamos y salimos a cubrir las calles. Eran otros tiempos y otras circunstancias.
Dicen que ayer la tensión se palpaba en el ambiente. La ministra entró en el Palacio Real con una sonrisa forzada... Y Buenafuente se encargó de aliviar los nervios verbalizando los problemas con un monólogo ejemplar. A veces, hablar de las tensiones es el primer paso para solucionarlas.
Alex de la Iglesia puso a más de un@ en su lugar y pronunció una frase que para mí fue la mejor de esta gala: "Internet no es el futuro. Internet ya es el presente".  Como decía aquel anuncio: " Para l@s que quieran entender, para l@s que no quieran entender, para l@s que se den por aludid@s, para que l@s que miran para otro lado, para l@s que no miran...".
Alex de la Iglesia dijo una gran verdad . Quizá la industria del cine y de la música sólo ha visto los aspectos negativos de la existencia de Internet y no han pensado en renovar los esquemas, en modernizarse. Quizá Internet no sea una amenza sino un aliado.
Por lo demás, la gala tuvo ternura, con Pascual Maragall aprendiendo a desaprender con lo que ello conlleva. Con unos niñ@s premiad@s como actores revelación y una "Pa negre" que nos recuerda que no hace mucho tiempo eso era lo único que tenían para comer nuestros padres o nuestros abuelos.
" También la lluvia" nos habla de problemas actuales, de multinacionales que quieren controlar hasta  el agua... hasta la lluvia .Y los combina con problemas pasados que se arrastran en la memoria colectiva.
Fue una ceremonia ágil que afortunadamente va dejando atrás el encorsetamiento del formato americano y que nos demuestra que aunque la mayoría no consuma cine patrio, aquí se hace un cine de calidad donde se habla de circunstancias y de problemas, donde el dinero gastado vale la pena.
P.D: En este cine, por supuesto, no meto a "Torrente", aunque el hecho de que esté a punto de comenzar a rodarse la cuarta parte deberia hacernos pensar sobre nuestros gustos cinéfilos...

sábado, 5 de febrero de 2011

QUEDA LA NIEVE. FINAL

Mi abuela siempre contaba que ella fue la primera persona que me vio en este mundo. La primera que me cogió en brazos y la primera que me dijo palabras hermosas. Tal vez por ello, entre nosotras siempre hubo un amor que va más allá de lo terrenal, sabemos en todo momento lo que cada una siente y no necesitamos las palabras para comunicarnos. ¿ os dais cuenta de que ahora hablo en presente? Sí, porque ella siempre está aquí, donde yo, aunque no la veamos, siempre siento a mi alrededor su aroma de trópico mezclado con azahar y siempre oigo sus cancioncillas mezcladas de son y pasodoble, de danzas y polkas y salsas.


Quizá porque estamos tan unidas, fue a mí a la única que le confió su miedo cuando vio que se acercaba el fin de su viaje en la Tierra. Una tarde, cuando yo ya tenía dieciocho años fui a verla y vi cómo su mirada se perdía melancólica en el infinito. Estaba nevando y me pidió que abriera la ventana y le pusiera en las manos un poco de nieve. Lo hice y noté cómo sus manos iban poco a poco enfriándose. Me dijo que tenía ganas de irse de viaje. A ese lugar lejano donde estaba García Lorca para bailar con él un pasodoble y enseñarle a bailar tangos. Sonreímos las dos y me dijo que cuando se fuera, no podía llevarse su cuerpo, porque era muy pesado, como el cuerpo de El Principito ¿sabes? así que mejor enterráis mis cenizas bajo la nieve. Y dejáis la lista de cosas que tengo que preguntarle a Dios también enterradas en la nieve porque no quiero que ninguna se me olvide. ¿ Sabes? yo iré y le preguntaré y después de saberlo todo, volveré contigo y me quedaré a tu lado para siempre. La novela, ya sabes, Queda la Nieve, te la quedas a ver si de una puta vez alguien la quiere publicar. Dame la mano que tengo un poco de miedo. Nos cogimos las dos y noté el frío y la humedad de la nieve enfriando mi mano. Después dio un largo suspiro, apoyó la cabeza en el respaldo de la mecedora y el alma se le escapó del cuerpo.

Enterramos sus cenizas bajo la nieve y también la lista de cosas que debía preguntarle a Dios . Cuando vi esa lista , la tristeza que sentía se convirtió en ternura hacia Gabriela. En ella, le planteaba a Dios dudas existenciales sobre el por qué de la vida, el por qué de las injusticias, el por qué del hambre, el por qué de las guerras... pero entre estas dudas estaban otras que para ella habían tenido la misma importancia que las anteriores . Mi abuela le preguntaba a Dios por qué las naranjas nacen en invierno, cuando nadie tiene sed, por qué todo el mundo se empeña en ver feo a Mike Jagger, uno de los hombres más atractivos del mundo, por qué la Ingrid no se quedó con el Humphry...

Cuando volvíamos de dejar las cenizas bajo la nieve, se desató una tormenta que de no haber sido en Ginebra, todo el mundo hubiera calificado de tropical. En un momento y sin previo aviso, rayos, truenos y centellas cayeron entre un mar de aguas que pasaron como una exhalación y dejaron atrás un río de desperfectos y siniestros. El informativo achacó este extraño suceso al cambio climático, pero toda la familia y sobre todo yo, supimos que por esta vez no tuvo la culpa que el tiempo haya decidido volverse loco, sino que la causante no era otra que Gabriela pidiéndole cuentas a Dios.



viernes, 4 de febrero de 2011

QUEDA LA NIEVE. PARTE III


Todo se enredó sin que nadie, y mucho menos Gabriela supiera cómo había sido. Todo el mundo tomó partido, unos por convicción y otros a la fuerza. Al principio, las nanas fueron sustituidas por canciones que decían algo así como A las barricadas o Ay Carmela, pero poco tiempo después, la guerra fue haciendo de las almas pasas arrugadas envueltas en corcho empeñado en no sentir. Las nanas se ahogaron en las gargantas, y el Ay Carmela, y las barricadas cayeron a fuerza de cañonazos. Y cuando los que no iban a pasar pasaron y se quedaron, Gabriela, Vicente y su hija compraron pasaportes falsos y se subieron a un coche negro como una película de misterio. Antes, Gabriela y Adela habían llorado abrazadas, habían jurado escribirse y habían jurado mandarse libros y felicitarse los cumpleaños y cerrar los ojos cada noche antes de dormirse y cantar una nana en susurros que el aire llevaría hasta donde estuviera la otra. Todo eso juraron y todo eso cumplieron hasta que muchos años después pudieron verse.


Vicente tenía amigos en Ginebra que le prometieron trabajo, casa y ayuda y allí se detuvo el coche negro como una película de misterio. De allí bajaron con olor de exiliados Gabriela, Vicente y mi madre, que entonces , como todos ya sabréis, no era mi madre sino una niña asustada y constipada. Nada más instalarse, Gabriela se enfrascó en la ardua tarea de aprender francés y lo consiguió. Para practicar el francés escrito, decidió hacer una reflexión de todas las cosas que había vivido y una lista con las dudas y reproches que debía hacerle a Dios cuando se fuera al cielo. Estaba enfrascada en ello cuando una mañana de noviembre el cielo se puso de un color gris blanquecino . Y de repente, en medio del silencio más absoluto comenzaron a caer copos de nieve. Gabriela no había visto la nieve en su vida. Sólo había conocido el sol caribeño y el sol mediterráneo, el calor del trópico y la luz de Valencia, por eso, corrió hasta la calle y cogió algunos copos de nieve que se le deshicieron en las manos y se las congelaron y decidió dar carpetazo a su tristeza de exiliada. Decidió que ya estaba bueno de tanta lágrima nostálgica de sol. Esto era lo que era y esto era lo que había. Y la podían privar del sol y la podía privar del olor de azahar porque ahora había descubierto la belleza oculta de la gélida Ginebra. Y cantando un son cubano mezclado a ratos con pasodoble fue a comprarse una máquina de escribir. Cuando llegó a casa le puso un papel como buenamente supo y pinchando las teclas como el que pincha aceitunas marcó en el papel : Queda la nieve.

Mi abuela había decidido escribir una novela. Pero como sabía que de novelistas viven muy pocos, decidió que ella también quería ser independiente como esas mujeres que contaba Adela, y le dijo a mi abuelo de montar en un cuadrado muy pequeño que un amigo le había propuesto alquilar, una librería. Así, entre olor a papel y sonido monótono de máquina de escribir, mi abuela se adaptó a Ginebra, a su frío, a su lago y a la seriedad de sus gentes . Pero no olvidó ni por un momento todo lo que traía de Cuba y todo lo que había aprendido y visto en Valencia. Así que muchas veces, cuando entraba en la tienda el posible cliente se encontraba con una mujer de piel de chocolate que siempre sonreía con ojos pícaros y boca sensual, que desprendía calidez de trópico y olor a cacao mezclado con azahar. Como un tucán que trae olores de la selva y colores del paraíso.

Y volvieron otra vez los días del ensueño. La tranquilidad se reinstaló en las vidas de Vicente y Gabriela mientras mi madre, que por cierto, no sé si he dicho que se llamaba Adela como la tía de valencia, crecía entre sones cubanos, rumbas, tangos, nanas, polkas, pasodobles, entre libros de poemas y novelas policíacas, románticas, de misterio, de crecimiento interior , entre humeantes chocolate suizos y cálidas manzanillas invernales. Pero nada de todo esto llegó a rozar ni el más pequeño poro de su piel. Se convirtió en una adolescente seria, fría y distante con el único objetivo en la vida de llegar a ser funcionaria. Gabriela hubiera querido que se hiciera hippie, que corriera el mundo con una mochila en la espalda y levantara los adoquines para encontrar arena de playa , que persiguiera a los Rollings stones y se enamorara de un rubio hoy y de un moreno mañana, pero no. Mi madre, Adela, que de española sólo tenía el nombre y de suiza todo lo demás, sólo se enamoró de mi padre, se casó después de un noviazgo largo en medio del cual aprobó las oposiciones que la convertían en funcionaria y me tuvo a mí una tarde de agosto .

( fotografías extraídas de Internet)

miércoles, 2 de febrero de 2011

QUEDA LA NIEVE.PARTE II

( Imagen extraída del blog eljardindemiduende.blogspot.com)

En el fondo, nadie en la familia nos creíamos esta historia. Pero como Gabriela la contaba una y otra vez añadiendo olores, sabores, sentimientos, vivencias y siempre la terminaba cantando con toda su fuerza, que no era poca, ese tango que según ella bailó con mi abuelo y que marcó un antes y un después en su vida, terminamos todos por querer creer qu había sido verdad. Lo único cierto de todo esto fue que Vicente y Gabriela desembarcaron una mañana de abril en el puerto de Valencia y ella buscó desesperadamente un rayito de sol, un azul de mar transparente, un algo a lo que agarrarse y en lo que consolarse. Pero tan grande era la pena que no fue capaz de ver una sola palmera ni notar en el aire el suave y dulce olor a azahar. Gabriela no estaba triste por haber dejado La Habana, porque ella quería dejar Cuba desde bien pequeña. Mi abuela sentía un peso que le atravesaba de parte a parte y casi la doblaba porque en cuanto el barco soltó amarras , mi abuelo le habló claro : “ Mira Gabriela, mejor que sepas la verdad por mi parte que te enteres por otros. Yo no estoy enamorado de ti. Mis padres son los dueños de muchos arrozales y campos de naranjos de Valencia y querían casarme con la hija de otros dueños de arrozales y campos de naranjos y a mí no me daba la gana de casarme con ésa. Tú me dijiste que querías salir de La Habana, que Cuba te asfixiaba, que cada mañana lanzabas una botella al mar y dentro un mensaje que ponía socorro. Pues ya estás fuera de La Habana. Los dos hemos conseguido lo que queríamos. El nuestro es un matrimonio de conveniencia.”


Y así , Gabriela bajó del barco aquel día de abril con el corazón encogido y tarareando un tango triste que hablaba de corazones desgarrados. Pero no se consintió mucho más tiempo de dolor. Había salido de Cuba. Había desembarcado en una tierra de sol ¿ qué más quería?. Y cuando al andar por la calle moviendo sus caderas con su piel de chocolate la gente se giraba a mirarla, se negó a pensar que era por racismo y se convenció de que la miraban porque era el ser más bello y más exótico que habían visto aquellas gentes. Como un tucán que trae olores de la selva y colores del paraíso.

Mi abuelo y mi abuela nunca fueron realmente un matrimonio, pero donde no nació el amor nació una amistad inquebrantable , un lazo de apoyo mutuo y cariño que se han llevado los dos allá donde nos vamos cuando acabamos nuestro viaje en la Tierra. Quizá por eso, Gabriela se empapó hasta el tuétano de lo huesos de las ideas republicanas de Vicente y corrió con él arriba y abajo por los agitados años de la Segunda República. Allí, en aquel tiempo, en aquellas reuniones, entre aquella agitación, mi abuela encontró a la maestra que sería su pigmalión y que le trazaría , sin ella saberlo, las líneas de su destino. Se llamaba Adela y era, como he dicho, o si se me ha olvidado lo diré ahora, maestra de escuela. Adela enseñó a mi abuela a leer y a escribir, a descubrir el apasionante mundo de las letras y a leer también entre las líneas . Juntas buscaron cachitos de Cuba en la brisa de Valencia y juntas se aliaron en el pensamiento de un feminismo que si ya no andaba en pañales todavía comía papilla. Así, cuando una noche de luna llena nació mi madre, Adela le susurró bajito a la bebé que algún día, ella iría a la universidad y se haría médico, o arquitecto, y no andaría por ahí buscando partidos para casarse y que la mantuvieran. Le dijo que ella sería fuerte como los robles y no florecilla ni bella durmiente y le dijo que si no hacía todo eso y se quedaba en la tontuna de casarse y tener niños y ser ángel del hogar, allí estaban su madre y ella, la tía Adela, para darle un buen azote en las costillas y enderezarle el camino y los pensamientos.Y por un tiempo, la banda sonora de mi abuela fueron las nanas. Canciones que ella se inventaba con ritmo de son cubano. Pero el tiempo de los sueños y de los ideales acabó pronto y con una fecha concreta. El 18 de julio de 1936.

martes, 1 de febrero de 2011

QUEDA LA NIEVE. PARTE I

Espero que os guste este relato "corto" que escribí hace algún tiempo. Considero que es un poco largo para publicarlo todo entero en una entrada, así que lo he dividido en dos  o quizá tres partes.
Antes que nada quiero hacer alguna aclaración porque muchas personas que lo leen me hacen las mismas preguntas: aunque el relato está narrado en primera persona NO es autobiográfico, y ninguna de mis dos abuelas verdaderas fue cubana.
Dicho lo cual espero y deseo haceros disfrutar mínimamente con este relato.

QUEDA LA NIEVE

Mi abuela se llamaba Gabriela y tenía la piel achocolatada. ¿ Que cómo es la piel achocolatada? Pues del color del chocolate, pero del chocolate mezclado con leche y alguna que otra almendra. Era cubana y tenía en sus caderas toda la exuberancia del Caribe y en sus labios todo el descaro del sol tropical. Todo lo hacía cantando porque decía que la vida tenía banda sonora y que uno de los deberes de los humanos era intentar descubrir qué música era la apropiada para cada momento. Así que ella cantaba cuando mareaba el chocolate humeante y caliente del invierno. Cantaba cuando hacía el allioli que le enseñó a hacer mi abuelo. Cantaba cuando salió de Cuba y cantaba cuando llegó como exiliada a la gélida Ginebra. Pero me estoy adelantando a los hechos y eso no es bueno en los cuentos.

Cómo llegaron a conocerse mi abuelo y mi abuela fue uno de los secretos mejor guardados por ella durante toda su vida. Cuando yo le preguntaba cómo había sido ese encuentro me decía que ella, un día, caminando por La Habana, había sentido una necesidad increíble de gritar, de gritar y de gritar. Pero no gritar cualquier cosa, no, sino de decir muy muy alto ¡Vicente!, que así se llamaba mi abuelo. Y contaba que gritó tanto que Vicente, desde Valencia, la oyó y fue incapaz de esperar un poco para comprar un billete y coger un barco que lo acercaran a Cuba. No. El abuelo, siempre según la abuela, se fue nadando hasta La Habana . Y cuando llegó allí, encontró a Gabriela esperándolo con una falda larga y abierta que le dejaba ver las piernas, un biquini escueto que le tapaba lo esencial de las domingas y una cesta de frutas tropicales en la cabeza. Vicente estaba empapado hasta los huesos de tan húmeda travesía, pero conservaba intacto en su cabeza un sombrero panamá blanco que le hacía juego con su traje también blanco de señorito español. Se miraron. Se gustaron. Y sellaron su unión bailando un tango de Carlos Gardel, que por aquel entonces estaba muy de moda, quizá porque todavía no había cometido el disparate de estrellarse con un avión.

( fotografía extraída de Internet)