lunes, 13 de abril de 2026

No es el sitio de mi recreo

 

Imagen: Fred Calleri

Os saludo este último lunes con el que por aquí ponemos punto y final a las vacaciones de pascua, y habrá quien se asombre y diga :"¿todavía con las pascuas?", pues sí, es que por estas latitudes las vacaciones escolares de semana santa comienzan el jueves santo y terminan hoy, San Vicente.  

Hablando de vacaciones y escolares, el otro día mis ojos tropezaron en Facebook con el grupo de exalumnos del que fue mi colegio y aunque no soy miembra (sí, he puesto miembra a conciencia), anduve por ahí dentro cotilleando como hacía lady Whistledown en los bailes de la alta sociedad londinense.

Me enteré de que alguna profesora que en su día me hizo la vida imposible y algún profesor cuya única enseñanza que tengo por valiosa fue cuando le dijo a un niño : "¿Tú sabes lo que es el poder? Pues mientras estés en mi clase, el poder lo tengo yo ¿te enteras? " fallecieron hace un tiempo. 

No me extrañó que ya no poblaran el mundo de los vivos, lo que me extrañó fue leer los comentarios de antiguos compañeros y compañeras dando las condolencias con frases del tipo: "Era un gran profesor", "Fue el maestro que más me enseñó"...

A veces he encontrado a estos mismos compañeros o compañeras por la calle y recordando viejos tiempos no me han hecho ninguno de esos comentarios precisamente. Más bien todo lo contrario. 

Me alegré de no pertenecer a ese grupo de exalumnos y de no ir a las cenas que todavía se convocan. 

Mi colegio no se podría calificar de democrático, precisamente. Aunque lo dejé para ir al instituto en 1986, en ese tiempo todavía no había llegado a él ni la transición. Los castigos eran ejemplares, ponernos cara a la pared era el pan de cada día, las clases de religión, obligatorias, alguna que otra maestra nos decía que nunca había que hacer huelga, en octavo nos tenían separados a los chicos y a las chicas por una hilera de pupitres vacíos y en los recreos siempre había algún profesor vigilando que no habláramos con nadie del otro sexo... y así suma y sigue...

No entiendo por qué tanta condolencia ante alguien que nos hizo tanto daño y fue la causa de tantas pesadillas. Tampoco entiendo qué fue lo que me llevó a adentrarme en ese grupo de Facebook y cotillear. 

Los laberintos del subconsciente son muy extraños. 

O tal vez sea que sigo sanando aquellas heridas y el grupo de exalumnos era una manera de volver a aquel lugar. 

No lo sé. Pero me dolió demasiado. Las dictaduras (y mis años escolares los recuerdo como una dictadura) siempre dejan un reguero de víctimas y un reguero de seres que aunque sepan que aquello estaba mal se esfuerzan por querer recordar que todo estuvo bien. 

Que la maestra no te pegaba con un palo.
Que nadie te gritaba cuando no conseguías recordar cuánto son tres por dos.
Que en los recreos jugabas al balón o a la goma y que nadie te hacía bullyng. 
Que la maestra te protegía y no era la principal agresora. 

Pero no fue así. 

Y por eso, cuando oigo la canción El sitio de mi recreo, siempre pienso que en aquel lugar no está mi sitio ni mucho menos mi recreo. 

Reclamo el derecho a decir que muchas veces el tiempo de la infancia no es un tiempo ideal.

Quizá por aquello que viví me alegro cuando caen los dictadores.

¡Enhorabuena, Hungría!

Seguimos con el blog de los lunes, amigas.
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Texto: Cris Carrasco García