Luna negra,
en otro tiempo maldita,
por eso me gusta.
(Cris Carrasco García)
Imagen: ShiroDani.
Querida hermana:
La primavera se adentra en nuestras vidas y nos dice que todo sigue a pesar de todo. ¿Recuerdas que te hablé de las mimosas florecidas? Pues durante unos días las veía de un color marrón que nada tiene que ver con el amarillo precioso que acostumbran cuando florecen y creí que era porque ya estaban dando paso a las hojas verdes pero.... llovió y al día siguiente de la lluvia ¡estaban de su color amarillo precioso habitual!.
Sólo necesitaban agua. ¡Tan poco y a la vez tanto!
Si todo rodara con normalidad ahora estaríamos sumidas en las vísperas de las fiestas pero la vida de momento tiene otros planes y pienso que quizá el año que viene. El año que viene quién sabe. El año que viene suena demasiado lejos. Aunque pensándolo bien, un año es sólo darle una vuelta al sol, como decían en una película cuyo título no recuerdo. Sólo una vuelta al sol...
Y mientras tanto, sigo mirando por la ventana, paseo con Bella y contemplo cómo nace la vida aunque sea con vuelta de cordón alrededor del cuello.
Algún día miraremos atrás y contemplaremos este tiempo como un momento histórico que vivimos para contarlo, para crecer y para aprender, aunque si lo pensamos bien ¿Qué tiempo no es histórico?¿Qué tiempo no deja huella? ¿Qué tiempo no cuenta?
Ninguna época es una criatura muerta.
Y tú lo sabes muy bien porque estás en ese lugar donde todo se conoce y donde nos miras con ojos de maestra que sonríe al ver jugar a sus niñ@s en el patio del colegio. Tú también sabes lo difícil que resulta ser aprendiz de nenúfar. Por eso eres paciente conmigo y te doy las gracias por ello.
Gracias.
Con las manos unidas a la altura del pecho, gracias.
Por leerme.
Por sonreír.
Que la lluvia que resucitó a las mimosas lleve hasta ti mi abrazo.
***
Autora: Cris Carrasco García
Imagen: Ninguyen Thanh Binh
En mis versos pequeños siempre hay silencio.
Quizá por eso sé que crezco
y porque hay arrugas donde hace un tiempo
todo era terso.
No me da miedo el azul de la noche
y espero el renacer del que hablan mis amigas
cuando llega la tarde de la vida.
Aprendo tanto, tanto, tanto...
de ti y de los pájaros, de las flores
y del sereno baile de las luciérnagas
que me he vuelto tú, pájaro, flor
y ser alado que busca la luz
pero ya no se engaña con resplandores vanos.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Catrin Welz-Stein
Me sumerjo sola en la penumbra elegida
arropada con el silencio
casi vacío de pensamientos...
lo más parecido a la nada
es este no habitar lo habitable.
Escojo la noche sin oscuridad de alma
para salir de esta rueda de molino
que olvidó el aroma de las que viajan
escasas de palabras y de vientos.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Ottokim
Querida hermana:
La última vez que te escribí te imaginé paseando por la nieve que lo cubría todo ¿recuerdas? Pues ahora el sol ya brilla con alegría de primavera.
Las mimosas y los almendros tienen flor y a muchos árboles se les adivinan las gemas que dentro de muy poco tiempo se convertirán en flores.
La vida vuelve a renacer como cada año y aunque sea así siempre, parece un milagro. El milagro de cada año.
Quizá por todo ello estos días me siento cubierta por una sábana de somnolencia y cansancio.
Cansancio... en estos tiempos, tod@s caminamos con fatiga en la mirada. Es difícil no salir de casa, es duro no poder ver a la familia ni a l@s amig@s. Cuando me visitan estas emociones intento animarme pensando en los sufrimientos que ha tenido que soportar la humanidad a lo largo de la historia: guerras, hambrunas, epidemias... La segunda guerra mundial duró seis años y los supervivientes tuvieron que vivir esos seis años con las bombas, los nazis, el hambre, la lejanía de los seres queridos... aun así sobrevivieron y cuando acabó todo, muchos volvieron a organizar sus vidas y siguieron viviendo. Pensar en todo esto me da fuerzas y ánimo. El ser humano tiene una fuerza interior conmovedora.
Los sonidos que se oyen desde casa son siempre los mismos. Los árboles que veo desde la ventana son siempre los mismos. Los paseos con Bella son siempre al mismo lugar. Los días se han vestido de una monotonía parecida al día de la marmota y sin embargo, no me siento infeliz ni desgraciada ni triste. Las cosas son así y en medio de esta música rutinaria siempre encuentro historias y detalles que me alientan.
Y tú ¿estás bien? ¡Cuánto valor ha tomado esta pregunta desde hace un tiempo! antes eran palabras vanas, cortesía, y ahora sustentan la fina línea entre la salud y la enfermedad, entre la vida y la muerte, entre el vamos tirando o el nos ha pillado el virus...
Yo sé que tú estás bien. Quizá algo triste por ver lo que está ocurriendo pero sabes que saldemos de ésta.
Y ahora me voy con mi rutina a tomar una taza de leche de avena y un trocito de torta.
A veces la monotonía esconde tesoros.
Que las mimosas florecidas lleven hasta ti mi abrazo.
***
Autora: Cris Carrasco García.
Imagen: Desconozco su autor/a
Extraída de Pinterest.
Una sirena me abre los ojos
al sufrimiento del otro...
Me concentro en el mío
pero...
No es diferente al que suena
lejos, como un eco.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Desconozco su autor/a.
Extraída de Pinterest
Querida hermana:
¡Ha nevado tanto y está haciendo tanto frío!... A veces pienso que seres invisibles se han enfadado con los seres humanos por lo mal que nos hemos portado con la Madre Tierra y nos están enviando esta pandemia y este frío. Sí, sé que no suena muy científico pero ¿cuándo he sido yo científica?.
Me debato entre la contemplación de la belleza que la nieve y el hielo dejaron y el estremecimiento por el desastre. Me debato... y ahí estoy.
Ayer recibimos una gran noticia. Algo que quizá ponga fin a un ciclo que ha sido muy difícil. Quiero creer que así será y que el sufrimiento llevado con dignidad pero también con momentos de gran tristeza pronto estará listo para ser sometido a examen, aprender de él y luego pasar página. Ojalá que así sea.
¿Nieva donde tú estás? Te imagino entre la belleza de una postal de navidad pero teniendo el frío controlado. Te imagino caminando segura entre el blanco como una diosa del frío que admira el prodigio de una naturaleza bella y enigmática.
Hoy me he dado cuenta que han comenzado a alargar los días y me he alegrado. Ya queda poco para que los almendros y las mimosas tengan flor. Si deja de hacer tanto frío, en menos de quince días disfrutaremos de estas flores y del día de la marmota, tan graciosa, que no se sabe quién es más marmota si ella o esos señores decimonónicos que la sacan de su escondite. Entre todo esto, tendríamos que celebrar San Blas, ir a la feria, comprar golosinas en los puestecillos... pero no será. Tal vez el año que viene...
Que la nieve bonita lleve hasta ti mi abrazo.
***
Autora: Cris Carrasco
Imagen: Corinne Reigner
A veces le dejo espacio a la tristeza
enraizada en estos tiempos de pulmones enfermos.
Hablo con el peso de la vida, le intento poner alas
y una corona de magnolias atada al cabello.
Han vuelto los sueños que me despiertan en la oscuridad
de esta noche que parece haber olvidado el amanecer,
pero ya no les tengo miedo
porque aprendí la forma de traspasar su umbral:
bailando con la incertidumbre,
dejando que el oso me alcance
sin correr.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Bryce Cameron
Tan frondosa en verano,
la higuera languidece
este diciembre.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Cris Carrasco García
Querida hermana:
Parece que te tengo abandonada, pero es sólo una apariencia porque sabes que tú y yo siempre estamos cerca.
No te he escrito porque el mundo del voluntariado ocupa gran parte de mi tiempo y es un tiempo maravilloso de dedicación y amor. Durante un mes estaré libre y pienso dedicarme a ti, a mí, a repasar lo aprendido en el camino y a leer una novela de esas que sabes que leo de vez en cuando: sencilla y dulce, sin argumentos rebuscados ni giros impredecibles.
Este diciembre está siendo suave. Parece que el tiempo ha decidido darnos una tregua ante el problema que todos y todas tenemos como una nube que nos cubre y no deja a nadie indiferente.
No he vuelto a ver a la abubilla pero las hojas de buganvilla a veces me siguen pareciendo mariposas. Bella y yo seguimos paseando por el lugar de las encinas y a veces miro las piedras que hay debajo de una de ellas y recuerdo a las hermanas del círculo de mujeres. Nos vemos poco desde que llegaron las mascarillas y se prohibieron los abrazos pero hablamos bastante. Todas siguen en la brecha. Ya sabes cómo son. Nunca se cansan y siempre inventan nuevas formas de sobrevivir y de estar alegres. Por eso las admiro y sé que tú también te rindes ante ellas. Son mujeres sabias capaces de hechiza la adversidad.
Esta navidad la pasaremos en casa. No saludaremos el precioso bosque de Italia y por ello estos días me siento un poco nostálgica. Recuerdo la noria, los árboles dormidos esperando la primavera, el frío intenso y agradable a la vez, la calidez de la casa, el tillo con cientos de esferitas de lluvia como pequeños brillantes... Este año todo ha quedado guardado en el cajón del recuerdo. Pero podemos disfrutar de una navidad diferente y si nos lo proponemos, también puede ser bonita.
Cuando me siento un poco triste, recuerdo que hay muchas personas que han perdido a seres queridos o que los tienen en el hospital y no pueden ir a verlos.... eso sí que es una navidad triste. Que estas personas muy pronto encuentren consuelo y aceptación. Que estén bien.
Y ya me voy.
Prometo volverte a escribir más veces durante este mes.
Las nubes del amanecer llevarán hasta ti mi abrazo.
***
Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Barbara Zambon
Querida hermana:
Ha llegado el otoño con su ceremonial de hojas secas aunque aquí, a orillas de un Mediterráneo que sigue engullendo seres desesperados, la temperatura es un poco de inicio del verano.
Aún así, siento la sutil y efímera luz de noviembre. La que tanto me gusta. La que me lleva a cubrirme de otoño con la hojarasca como vestido y las castañas como alimento.
¿Sabes? Si siempre fui un ser solitario con tendencia al aislamiento, ahora lo soy más y ¿sabes? Cada vez encuentro más fascinante sumergirme en la soledad y el silencio.
Será esta estación que invita al adentro y serán estos tiempos de reuniones prohibidas. Ahora, con algunas amigas ya no vamos a ningún bar ni lugar cerrado. Nos calzamos zapatillas y salimos a pasear. Arriba, arriba, llegamos a lo alto de la avenida y allí nos sentamos dos enfrente de otras dos y hablamos un poco. Después bajamos y con abrazos virtuales volvemos a casa. Me parece romántico y me recuerda a cuando tenía once años y comenzaba a salir sola con amigas.
Hay una crisis profunda en mi lugar de voluntariado y algunas personas abandonarán el barco. Otras intentaremos resistir y tirar para adelante. Quizá cuando demos el primer paso, aparezca la roca que nos ayude a cruzar el abismo... ¡tenemos tanto que aprender en tan poco tiempo!
Las últimas mañanas de caminata con Bella están siendo preciosas. Un día de la semana pasada vimos una libélula con las alas transparentes muy grandes. Era preciosa. Otro día vimos una de las ardillas que viven en el Auditori. Estaba sentadita en el césped como esperando algo y después salió corriendo y se subió a un olivo. Pocos días después vimos una abubilla muy majestuosa con la pequeña cresta levantada como en alerta. ¡Hacía más de un año que no veíamos una! y me quedé petrificada, observándola muy quieta para no asustarla y que saliera volando. Pero de eso se encargó Bella y la abubilla salió volando mientras yo pensaba si tendré que esperar otro año largo para volver a verla. ¡Es tan curioso y tan bello el mundo de los seres alados!.
También, con el otoño, han vuelto los tés calentitos y las infusiones mientras escribo o reflexiono mirando por la ventana. Como ves, este mal de tod@s se ha llevado muchas cosas pero sigue dejando otras intactas.
Y ya me voy con mi vestido de otoño.
Te mando un abrazo desde casa. El mejor lugar del mundo.
***
Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Cris Carrasco García
El mundo se me detiene porque pasa ella
y sobre la hierba, mis zapatos húmedos
cubren unos pies maravillados.
Lejana, sutil, etérea,
acaricia la acera
y la brisa de otoño la devuelve al aire.
Vuela una flor de buganvilla
y la confundo con una mariposa.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Desconozco autora/or
Extraída de Pinterest
Querida hermana:
Ha cambiado el viento para anunciar el otoño. Si pienso en cómo era mi vida el año pasado por esta época, me parece que fue hace más de un eón y sin embargo, sólo fue hace doce meses.
Como sabes, seguimos con las mascarillas, con las distancias, sin abrazos, sin besos, sonriendo con tristeza en los labios y aún así la vida sigue.
Y tod@s con ella aunque no nos demos cuenta, aunque caminemos como autómatas, aunque prefiramos no pensar en lo que fue el confinamiento ni en la incertidumbre del futuro; aún así la vida sigue y nosotr@s con ella.
Septiembre también es tiempo de reencuentros y vueltas. Anteayer vinieron las gemelas y mañana veremos a las amigas del círculo. Todo al aire libre, quizá sentadas en las piedras bajo las encinas, nos contaremos el mirlo blanco que ha sido el verano.
La vida sigue y l@s niñ@s han vuelto a la escuela. ¿Se suspenderá también Halloween como en América? ¿Llegará un poco de oxígeno para nuestra economía? ¡Sueño con beber un buen té azul o negro!
Caminamos y no sabemos hacia dónde. Pero caminamos y eso es lo importante.
Te siento muy cerca.... quizá andes por aquí repartiendo esperanza...
Un abrazo de esos que están prohibidos pero contigo no porque tú estás hecha de aire y de recuerdo.
***
Texto: Cris Carrasco García
Imagen: James C. Christensen
Mis pies sobre la arena evitaban
borrar las huellas de las gaviotas...
Nos unía el mar y la ilusoria sensación
de que las olas se rizaban para nosotras.
El virus dormía agazapado en el futuro,
no me hablabas negando la realidad
y no nos alejaban dos ideas y una mascarilla.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Deborah Dewit