martes, 18 de noviembre de 2008

Alfonsina Storni

TÚ ME QUIERES BLANCA
Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.
Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.
Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
-Dios te lo perdone-,
me pretendes casta
-Dios te lo perdone-,
¡me pretendes alba!
Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:
Habla con los pájaros
y llévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

domingo, 9 de noviembre de 2008

PERSONAS QUE NO LO SON

Hoy ha sido un día... ¿ cómo calificarlo? bueno, lo mejor que le puede pasar a este día no es ser calificado, es que termine.
Primero no encuentro con quién ir al trabajo y tengo que coger un taxi. Ya en él, aparece una madre que podemos calificar de odiosa con esas monstruitas que ella llama hijas y en la guardería comienza a quejarse de que la calefacción está demasiado alta.
Y se queja.
Y se vuelve a quejar.
Insiste.
Ante la insistencia y porque no podemos ponerle un bozal optamos por abrir las ventanas.
Pero insiste.
Me pregunta si nosotras la podemos bajar y le digo que es central y no depende de nosotras.
Coge el bolso y se va .
Vuelve y me dice que ha dado la orden en recepción de que quiten la calefacción. Le contesto que dentro de poco rato hará frío porque es una construcción muy antigua y muy grande.
Y empieza a gritarme: "¡ Pero si ahí fuera hace más de veinte grados! ¡ si tú tienes tienes frío ponte una chaqueta!".
Me quedo petrificada. Me siento humillada y las lágrimas empiezan a escocerme los ojos.
Para que no vea mi rabia y mi humillación me doy la vuelta y me voy lejos de ella.
Y siento el odio invadirme pero no lucho contra él. No sirve de nada porque estoy demasiado enfadada y le deseo entre dientes ójala te dé un dolor de barriga y te quedes doblada en medio de la calle. Luego me arrepiento y pienso que todo lo que he leído sobre budismo sirve para estas ocasiones. Pero eso pasa luego, cuando estoy en casa, he llorado, me he desahogado y estoy más tranquila porque he hecho con ella lo que quiero hacer durante todo el día : congelar su nombre en el congelador de la nevera para no verla nunca más.
Es fácil humillar al que está debajo de tí. Es fácil gritarle al que no te puede contestar. Es fácil hacer daño.
Sobre todo para personas que no son tales y que se creen con derecho a todo porque son socias de un club de golf de mierda .