lunes, 26 de septiembre de 2011

POEMAS SIN PINTALABIOS

Algunos poemas se gestan durante días, se escriben y se siguen gestando otros días más. Sin embargo, hay poemas que nacen con la mañana, cuando sabes que alguien te espera más allá de la red y quieres dar los buenos días. son poemitas ligeros y volátiles que surgen cuando me estoy componiendo para el nuevo día y que sólo persiguen una meta: desear un día, una semana feliz. Algunos están dedicados a personas que los leerán seguro pero nunca sabrán que son para ellas, otros buscan encontrar la paz en el delicado equilibrio de la mañana.
Como much@s de los que os acercáis por aquí no tenéis acceso al lugar donde ven la luz (facebook) he hecho una pequeña selección de ellos para que también los disfrutéis.

Voy a tu encuentro,
ciudad del mar,
niebla, humedad,
belleza.
Siempre tan lejos,
mi pequeño enigma,
mi misterio.
Dentro de ti un día
creí ser cristal quebrado
y aprendí
a vivir con dos latidos.
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Sólo por hoy  quisiera olvidar
 que no hay vacunas
contra el dolor del alma,
que hay turnos infinitos
en espera de trabajo,
que en el fondo,
no sabemos nada de la vida.
Sólo por hoy
quisiera tener la ilusión
de saber que mis flores
son un respiro,
mis cuadros el pañuelo
que te enjuga las lágrimas,
mis poemas, un canto
a la esperanza.
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Te regalo un paseo
perdido en amarillo
con arcos que no triunfan
pero hablan de fragancias,
de aromas, de corolas abiertas
al sol empapadas en lluvia
y pétalos que se adornan
con delicadas espinas.
Te regalo un paseo
allá donde una diosa
tejió un cielo de flores.
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Volveré a escribirte un poema de despedida.
Uno más.
Volveré a decirte lo mismo cada día,
en cada palabra,
con cada letra y en cada verso
y tu volverás a cobijar las palabras y las letras,
los días de ausencia y hasta algún verso
perdido en la memoria.
Todo cabrá en tus brazos
mientras volvemos a nuestra noria de silencio
escondidos en el atardecer de un recuerdo.
como si sólo fuéramos un sueño.
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jueves, 22 de septiembre de 2011

PRIMER RELATO PARA UN CURSO

La semana pasada comencé un curso de microrrelatos y éste es el primer fruto de ese curso. Espero que os guste.


LAS PERDÍ

No sé dónde fue. Quizá entre los pasillos del hospital, porque ese lugar es tan frío que cuando voy allí sólo pienso en irme. Sé que no hago bien y que los seres como yo tenemos que frecuentar esos lugares, pero ¿ por qué tienen que ser tan blancos y tan de sabor de nada? Bueno, no es verdad, saben a falsa serenidad y huelen a miedo. Por eso, para hacer las prácticas pedí la sala de maternidad, porque es la única que sabe a esperanza y huele a alegría.
Cuando en el aparcamiento me di cuenta que no las llevaba volví a la habitación donde está el último recién nacido que visité, pero no las vi. ¡Y los pasillos de los hospitales son tan largos! …
Sin apenas ánimo, decidí compartir mi preocupación con el GPS de mi vida: mi madre, que, cuando le conté que las había perdido y que había tenido que volver a pie a casa me preguntó lo que suelen preguntar todas las madres cuando les dices que no encuentras algo: ¿ Dónde las dejaste?”, y yo la miré con cara de si lo supiera no las habría perdido. Después pasó a la fase detective : “¿por qué las llevabas en las manos?” “ No lo sé, no lo recuerdo”. Y la última etapa, la del rapapolvo: “¡Mira que no estar nunca donde estás!”. Al final, la madre-juez emitió su sentencia: “ Pues nada, hasta que aparezcan a pie tendrás que ir, así harás ejercicio”.
Dediqué toda la tarde de ayer a dar vueltas por la ciudad intentando recordar lugares donde hubiera podido dejarlas, quizá en el banco de las enfermeras, en el paritorio… Andaba sin rumbo, mirando a veces hacia el pavimento y otras hacia el cielo pidiendo una respuesta, una señal divina a mi problema, pero ya lo dijo Miguel Hernández: “ Dios siempre está callado”. Otras veces miraba a la gente sintiéndome más invisible que nunca.
Esta mañana, cuando he vuelto al hospital, me esperaba mi supervisor de prácticas con su sonrisa de paciencia infinita y con ellas en la mano: “ Toma, desastre, menos mal que recojo todo lo que te vas olvidando , por cierto, las tienes que abrillantar un poco.”
Yo he sonreído y me las he puesto. ¡ Ya tengo mis alas!¡ Ya vuelvo a ser un ángel!.

martes, 13 de septiembre de 2011

UNA SUPERVIVIENTE

Se llama Chiquie y es una superviviente. Quizá por eso es tan viejecita como el mundo. Ayer la operaron de un tumor (que resultaron ser tres en varias de sus mamas)  y venció otra vez. Con su lengua caída porque ya no le queda ningún diente, con una catarata que le impide la visión en uno de sus ojos, pero también con su hambre de loba y su defensa enloquecidaa del territorio cuando oye que llaman a la puerta.
Ella poesee una cualidad que admiro profundamente tanto en los animales como en las personas: parece increíblemente frágil, extraordinariamente delicada, pero en realidad es fuerte como un roble.
Ayer la sentí desorientada, la oí quejarse y vi cómo el dolor tomaba su nombre, pero aún así, ella quiso agradecer mis caricias con su pequeña lengua de medio lado. Con su delicadeza que planta cara a la vida. Con su dulzura.