miércoles, 20 de febrero de 2008

DE PALACIOS IMPERIALES


Seguimos con el relato. Perdón, pero el título no es como puse ayer Entre palacios imperiales sino De palacios imperiales
Yo soy geisha porque así lo decidí. Quizá os gustaría que os contara recuerdos de cómo ví caer aquellas dos bombas, pero no puedo hacerlo porque yo nací mucho tiempo después, cuando el emperador que no dudó en hacerse amigo de los nazis agonizaba vomitando sangre en su palacio imperial. Por eso no sé nada de bombas ni de soldados americanos campando a sus anchas y acostándose con chicas japonesas que se decían así mismas geishas y que vendían su cuerpo por un plato de comida. Esas historias me las contaron. Yo no las viví. La primera vez que vi a una geisha fue por la televisión. Yo tenía diez años y en ese momento supe lo que quería ser. Cuando acabé la enseñanza secundaria mi tutora me llamó para preguntarme qué carrera quería cursar y le dije que ninguna, que quería ser geisha. La tutora abrió los ojos de una forma que por unos instantes pareció occidental y sólo acertó a decir Pero si la geishas son una especie en peligro de extinción…

martes, 19 de febrero de 2008

ENTRE PALACIOS IMPERIALES


Hola a todas y todos, ayer empecé a escribir este relato y me gustaría compartirlo con vosotros y vosotras... os iré poniendo cada día o cada dos días un pedacito del cuento... como si fuera un cublebrón, ¿ os parece?

Cuando me miro al espejo veo dos líneas oscuras como ojos y unos mechones negros y lacios como pelo. No soy un ser especialmente bello ni especialmente inteligente, pero cuando me visto para las ocasiones, soy una obra de arte.
Sé provocar en ti escalofríos de admiración con sólo mover uno de mis dedos. Conozco la sutileza de los movimientos, la leve cadencia de unos dedos que se posan sutilmente sobre cualquier lugar. Sé reconocer la belleza de una sinfonía y la delicadeza sublime de un crisantemo.
Y soy una mujer tradicional, quizá poco convencional, pero tradicional al fin y al cabo, aunque con esa pequeña dosis de modernidad que me ha permitido dar un giro a mi vida y a mi profesión.
Porque yo me ahogaba en ese mundo de belleza sólo para hombres. Porque cada noche, cuando la seda se posaba en mi piel y miraba los dibujos de pagodas y pavos reales que la adornaban, me preguntaba ¿ por qué tengo que servir a los hombres?.
Entonces pensaba que ese era el precio que tenía que pagar por ser una embajadora de la belleza y de las obras de arte. . Y yo soy una obra de arte que anda por las calles de un barrio antiguo donde todos me miran al pasar, por lo exótica y lo bella. Por lo misteriosa y lo nostálgica. Porque al caminar entre las calles de este barrio antiguo les hablo del pasado y del misterio, de la belleza y el exotismo. Y a todos nos gusta lo que no conocemos y lo que creemos que tiene un lado oculto y oscuro. Aunque yo pertenezca a la tradición más antigua, pero quizá por pertenecer a la tradición soy oscura y exótica porque soy parte de la festividad de la Luna Llena , del sumo, de los samurais y de una isla extraña y fascinante. Porque yo soy geisha. Pero no os montéis en vuestras cabezas occidentales historias de tragedias familiares donde quizá fui vendida a una okilla… nada de eso es cierto.

CON EL VAHO DE LAS HADAS

Aprendemos lecciones
que nos hacen más fuertes,
que nos hacen más bellas.

Transitamos sin brújula
entre cajas de sorpresas
y sueños raros delatores de verdades
que redimen
pero escuecen la mirada.

Tengo tu dolor en mis pezones
porque tu voz me hace gigante
cuando me siento tan pequeña
y tan fácil de pisar.

Y quisiera allanarte los caminos,
envolverte en campañillas donde el abrazo no duela,
susurrarte dulce con el vaho de las hadas
que me renazco viendo
tu pelo crecer.

(Para Luz Casal)