jueves, 6 de marzo de 2008

DE PALACIOS IMPERIALES


"...Le conté a Masako esta historia que acababa de imaginar y por primera vez en toda la tarde, sonrió. Me dijo que si no triunfaba como geisha para mujeres, podría ganarme la vida como contadora de historias fantásticas. Le contesté que quizá podría hacer las dos cosas a la vez, ¿ por qué no ser una geisha para mujeres contadora de historias?.
Masako volvió a sonreír y dijo que yo era uno de los seres más ingeniosos que había conocido nunca y me hizo una proposición : quedarme en el palacio como geisha-dama de compañía. A mi alrededor un jardín suntuoso y bellísimo cruzado por un riachuelo donde se reflejaban todos los colores de la vida se me ponía a los pies, un palacio con lujos y sirvientes se me ofrecía como regalo y la no obligación de tener que servir a los hombres… Masako me dijo que en el palacio estaría a salvo de las oscilaciones económicas porque sólo tendría que estar con ella y ser su amiga. ¿ Has pensado que en Japón la mayoría de mujeres no tienen independencia económica? Te va a ser difícil abrirte camino como geisha de mujeres. ..
Masako siempre habla en un susurro, pero no por ello lo que dice no es menos verdad. Y por unos instantes, por unos segundos, fui la geisha-dama de compañía de la princesa heredera de Japón. Pero sólo por unos instantes, por unos segundos. Porque después se me ocurrió mirar los ojos de Masako. Eran ojos que vivían en un palacio imperial, que paseaban por un jardín repleto de almendros , orquídeas y crisantemos, pero que no eran libres para mirar otros almendros , otras orquídeas u otros crisantemos. Y entonces, le dije que no. Iría a palacio tantas veces como ella me llamara. Pero no podía quedarme en él.
Ella lo comprendió. Es una mujer sabia. Me propuso entonces otro trato: yo pasaría con ella una semana de cada mes y ella costearía mis viajes de Kyoto a Tokio, mis kimonos y todos mis gastos. Vas a ser mi dhana. Puedes llamarlo así si quieres,
¿ no vas a ser una geisha para mujeres? entonces es normal que tu dhana sea una mujer ¿no?. Y esa fue la primera vez que vi a Masako reír ..."

miércoles, 5 de marzo de 2008

YO VOTARÉ

En un lugar maravilloso llamado Planeta Tierra, donde había toda la riqueza que se pudiera soñar, había dos tipos de seres humanos: los hombres y las mujeres. Los hombres, cada cuatro años votaban y elegían a sus gobernantes en su nombre y en el de las mujeres, porque ellas no podían. Y no podían porque ellos creían, y les habían hecho creer a ellas también que eran incapaces de tener ideas políticas.
Pero unas cuantas mujeres, hartas de qaue decidieran por ellas, salieron un día a la calle y dijeron que querían votar. Las llamaron sufragistas. Y tontas. Y locas. Y putas.
Pero ellas no se echaron atrás, siguieron manifestándose, haciendo huelgas de hambre, susurrando allá donde las dejaban y gritando allá donde las querían callar, que tenían el mismo derecho que los hombres de elegir a sus gobernantes.
Por fin, después de una larga lucha, consiguieron el voto. Y algunas de las que habían gritado en las calles pudieron elegir su destino. Otras muchas se quedaron en el camino pero siempre hay alguien que no las olvida.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero todavía hoy, en muchos lugares de este precioso planeta llamado Tierra a las mujeres se les niega el voto. Bien porque se las sigue creyendo incapaces de decidir, bien porque viven en lugares donde alguien se ha erigido el único representante de todos sus conciudadanos, bien porque viven bajo el rótulo de inmigrante, y ello les otorga la obligación de pagar impuestos, pero no les da el derecho al voto.
Creo que mi deuda para con todas ellas es grande. Y sólo se me ocurre saldar un poco de esta deuda yendo el domingo a votar. Aunque crea que la política es algo manipulado y turbio. Porque ellas quisieron hacerlos y no pudieron. Porque muchas querrían hacerlo y no pueden, creo que yo debo ir a votar. Porque el esfuerzo de unas valió la pena y porque la esperanza de otras bien vale mi voto.

martes, 4 de marzo de 2008

DE PALACIOS IMPERIALES




"...Desde que recibimos la carta hasta que me fui, la okilla hirvió de sorpresa, agitación , nerviosismo, ilusión y miedo mientras mi madre adoptiva me preguntaba sin cesar
¿ Qué se puede hablar con una princesa heredera? ¿ qué le puede contar una humilde geisha a una mujer que antes de ser princesa heredera fue diplomática y políglota? Y yo le repetía constantemente que yo no estaba nerviosa por eso, que cuando la tuviera delante le miraría las manos y los ojos y todo iría bien. Porque una reunión no puede nunca ir mal con una diplomática de ojos tristes. En el fondo sólo era una mujer que pedía ayuda.
La velada fue convencional y gris como todo lo que rodea a la familia real. Paseamos por los jardines repletos de orquídeas fucsias, crisantemos blancos y almendros en flor. Masako irradia la belleza de la tristeza crónica. Esa tristeza que con el tiempo ha acabado por acostumbrar al que la padece y se ha convertido en una ligera neblina que para el observador no experto puede crear un falso artificio de serenidad. Porque Masako no es serena, está triste.
No quiso que tocara el samisen ni danzara para ella. Sólo quiso hablar de las flores de los almendros. Yo sé muy poco de estas flores pero me encanta su color y así se lo comenté, y ella dijo que en casa de sus padres había muchos almendros y por eso siempre mandaba que le adornaran su habitación con estas flores. Mientras me hablaba, la mirada se le perdía en el infinito y nadie era capaz de encontrarla, porque ninguna mirada vagabunda puede encontrarse si su dueña no lo desea, y entonces pensé ¿ dónde irán a parar las miradas vagabundas? quizá se vayan descomponiendo en trocitos pequeños y se vaya quedando una exigua parte de cada una allá donde se va posando… quizá haya por algún lugar un duende cazador de miradas vagabundas siempre alerta, y cuando capta una de estas miradas, ¡zas! va corriendo por todos los lugares donde ésta se posa y las va recogiendo. Después, en un castillo que tiene, cruza unas miradas con otras y los lugares donde se posaron, y así construye los sueños de los humanos. Quizá por eso los sueños son tan raros, porque se mezclan las miradas vagabundas de unos y otros…"


viernes, 29 de febrero de 2008

DE PALACIOS IMPERIALES


"...Las primeras clientas fueron Victoria y sus amigas españolas. Cuando la llamé diciéndole el camino que había decidido tomar me pidió una cita y vinieron todas expresamente para estar conmigo. Cuando me visto para una cita no puedo evitar que me revoloteen unas cuantas mariposas en el estómago pero aquella noche no fueron unas cuantas mariposas, fue una bandada entera. Me puse mi kimono preferido y me encaminé al salón de té donde ellas me esperaban. Bailé para ellas dos danzas tradicionales japonesas que no entendieron pero aplaudieron mucho y después estuvimos hablando durante muchísimo rato. Me preguntaron sobre mi vida y mis aficiones. Les conté que era una gran aficionada al manga y que una de mis hermanas vestía de esa forma extraña como se visten muchos jóvenes en Japón intentando imitar a sus personajes favoritos. María, la más divertida de todas, me dijo que a ella siempre le había gustado esa forma de vestir y que alguna vez la había intentado imitar. También les conté que Japón ya no es tan rico como antes, que muchos jóvenes e incluso gente ya adulta tienen muchos trabajos para poder sobrevivir. Les dije que cualquier día hicieran un viaje en metro y verían a mucha gente durmiendo en los trayectos. Lo hacen porque tienen muchos trabajos y ni siquiera tienen tiempo para dormir, así que deben hacerlo en los trayectos que los llevan de un trabajo a otro. Y mucha gente, incluso así, vive gracias a la pensión de sus padres jubilados, por ello, cuando mueren estos padres los hijos no certifican su defunción y así siguen cobrando su pensión para no quedarse en la calle.
Hubo un silencio triste. Unos segundos de reflexión y después alguna habló de situaciones parecidas en España. Es curioso cómo se parece el mundo. Debajo de los ojos rasgados y los kimonos, de la piel morena y los ojos negros, detrás de cada Kakuro u Oki, de cada Carmen o María, hay circunstancias, sensaciones, angustias, tristezas, miedos y soledades parecidas.
Ellas se fueron tres días después y me recomendaron poner un anuncio en el periódico para que se me empezara a conocer. A mi madre adoptiva le pareció bien y tres días después de poner el anuncio… la sorpresa más grande de mi vida. El palacio imperial.
En Japón todo lo que rodea a la familia imperial se lleva con una discreción absoluta. Todo está muy preparado y muy encorsetado. Los miembros de la familia imperial miden cada una de sus salidas y cada uno de sus movimientos y no se les ve nunca ninguna reacción no medida o espontánea. Y tres días después de poner el anuncio en el periódico, llegó aquella carta con el sello del palacio imperial en la que se me convocaba a una audiencia privada con la princesa consorte heredera, Masako. La invitación incluía un cheque de muchos yenes para comprar un equipo de geisha completo, desde un kimono nuevo hasta un broche para el pelo, y un billete de avión en bussines para trasladarme a Tokio. Debía estar allí la mañana siguiente..."