viernes, 4 de noviembre de 2011

EL DERECHO AL DELIRIO (EDUARDO GALEANO)

Si lo dice el maestro, que así sea.



martes, 1 de noviembre de 2011

EXTRAÑA

                     ( Imagen de Victoria Francés extraída del blog diario del arte.blogspot.com)

Cuando llegó el momento de buscarme un nombre, mi comunidad acordó llamarme Extraña. Porque nunca me gustaron las tinieblas ni las orgías de sangre y en lugar de ir a las fiestas en los cementerios prefería soñar con palacios de cristal.
Mi comunidad intentaba no excluirme, pero al no comprenderme, sólo me toleraban. Hasta que un día, Él, nuestro jefe supremo, me habló:
“Debes buscar tu camino, Extraña. Con nosotros te consumes en las tinieblas y buscas la luz por cualquier rendija. Tu piel es tan transparente como la nuestra pero amas la luz y tus vestidos blancos nos deslumbran. Aquí siempre tendrás un lugar, pero sabes que tu mundo es otro”.
Decidí partir, en honor a ellos, la noche de las ánimas y desde el cementerio. Me pidieron permiso para celebrar el ritual de despedida vampírico que consiste en sorber, cada miembro de la comunidad, unas gotas de la sangre del que parte, aunque en mi caso, y dada mi repulsión hacia estos rituales, el único que sorbió fue Él. Después esperé la madrugada y comencé a caminar con los primeros rayos de sol. Bajo un árbol encontré unas mujeres vestidas de blanco que me guiaron al centro de la Tierra, donde estaba el palacio de cristal de mis sueños. Allí me esperaba la reina de todas nosotras.
--Bienvenida- Dijo- Por fin encontramos a nuestra hija perdida, la guardiana de los peregrinos en el Camino de Santiago.
Y desde entonces, ese es mi cometido.
Algunas madrugadas voy a los cementerios y visito a los miembros de mi antigua comunidad. Ya no me llaman Extraña, ahora saben que mi nombre es Meiga de Castro.

domingo, 30 de octubre de 2011

POEMAS SIN PINTALABIOS

Esta es la segunda entrega de los poemas que publico algunas mañanas en facebook con la sencilla intención de dar los buenos días:

Escapó el poema
en los laberintos de la red.
Escapó con mis cuentos
empapelados en charol
y llevó al Universo
mi incertidumbre.
Ahora me queda
una mañana de sol,
un miedo en el cielo del alma,
un día por vivir.
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Porque ya no encuentras las letras de mi nombre
ni sabes el estado de mis puentes,
las nieblas se me hicieron gelatinas
y amanecí en azul de mar y cielo
velada en nube.
Como una novia abandonada
a los pies de un altar
de flores.
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El lunes se escribe en futuro
y resta con los dedos.
Saeta de un reloj
que engulle el tiempo
y vive en la pereza.
El lunes...
Todo está por vivir.
Es la historia del comienzo.
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Cuéntame cómo el vacío
desprende plenitud,
háblame de tu camino
mientras yo te escucho
pequeña y callada
dispuesta a mover
un pie tras otro
para buscar contigo
los átomos del silencio.
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Cuanto me gustan los pequeños seres
que habitan este mundo
que se cree indestructible,
las criaturas que parecen
universos de poemas
que aún no han estallado.
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Nunca supe que era
un sombrero de paja.
No vi sus alas, sólo sus raíces.
Pero un día se alió con el viento
y sólo pude decirle adiós.
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Cae mi tristeza
como una hoja de ese otoño
que no quiere llegar.
Se desliza ligera y suave
sobre el asfalto
y deja una huella sutil
en el gris de la acera.
Se parece tanto a esa lágrima
que recorre rápida y ágil
mi mejilla...
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Calabazas infantiles me sonríen
con su débil luz otoñal
y vuelven los espectros
a compartir mazapanes
y crisantemos...
No. No es real.
No pueden volver
porque nunca se fueron.

miércoles, 26 de octubre de 2011

MARIPOSA


( Imagen: cuadro de la pintora china Jian Lu

Yo fui la mariposa que se fundió con el Sol. Siempre quise hacerlo aún sabiendo que nadie entendería mi forma de actuar. Desde que nací y vi cómo mis alas se teñían de colores, quise alcanzar la estrella de la luz, así que me preparé para tener fuerzas y llegar hasta ella.
Nadie sabía mi intención. Yo sólo volaba y volaba intentando llegar cada vez más alto. Hasta que un día me sentí preparada. Hice unos breves aleteos para calentar mis alas y comencé a subir. No tardé demasiado tiempo en sentir el calor. Seguí subiendo. Cada vez más calor. Seguí subiendo. Más calor. No me importaba. Y por fín me situé frente a él. Me miró de la forma altiva  con que miran todos los soles del mundo  y me preguntó si no tenía miedo.  Yo negué con la cabeza.
Entonces sentí su llamarada y cómo yo, fundida con sus rayos, creaba la más bella lluvia de alas de mariposa que jamás se haya visto en el Universo. Todos los colores de la vida resplandecieron ante el Sol, bajaron a la Tierra y allí formaron una alfombra con las cenizas de mis alas.
Cuando llegué, carbonizada y rota a la otra parte de la vida, todos decían que me había equivocado, pero yo les dije no, cuando vuelva a nacer ya no podré volar, pero aún así,  me postraré ante el Sol otra vez  y le ofreceré mis pies pequeños.