lunes, 16 de enero de 2012

En la montaña


La gente estaba ya entrando en ese momento de la fiesta en que los efectos del alcohol propician que todos comiencen a adorarse, abrazarse y decirse lo mucho que se quieren y lo grandes amigos que son. Pero ni yo ni Carmen habíamos bebido, así que mirábamos atónitas cómo el mundo de nuestros amigos y amigas se adoraba en dimensiones jamás vistas.
Comencé a hartarme de ese clima meloso empapado en alcohol y decidí salir a tomar el aire fuera de la casa. Carmen me siguió, no sé exactamente si para cerciorarse de que yo salía con todas las chaquetas y bufandas reglamentarias para sumergirse en la intemperie una nochevieja perdida en una casa en medio de la montaña, o simplemente, me siguió porque ella también estaba harta de tantas fiestas y la tácita obligación de divertirse en nochevieja.
Nos sentamos en el porche de la casa y miramos las estrellas.
En el horizonte apareció una luz roja que parecía envuelta en fuego, y de ella salieron dos luces rojas más que se elevaron en vertical y comenzaron a aproximarse, con mucha velocidad, hacia donde estábamos nosotras.
No podía dejar de mirar las tres luces de fuego y me pregunté qué haríamos cuando esos artefactos estuvieran a nuestra altura. Carmen también los miraba, callada.
Conforme se iban acercando , mi pregunta de qué hacer se iba haciendo más acuciante, pero tal y como habían surgido, el cielo las absorbió.
Pasaron unos segundos de silencio que Carmen rompió para susurrar: “ Las ha tapado una nube”… Pero El Carro, Orión y todas las constelaciones se mostraban demasiado evidentes como para aferrarse a la fantasía de una nube. Seguimos mirando el cielo por unos segundos. Yo, preguntándome y en el fondo temiendo, volver a ver las luces de fuego, Carmen, estoy segura, intentando buscar una explicación en su mente científica.
No las volvimos a ver. Y cuando nos cansamos de mirar hacia el cielo, nuestras pupilas se cruzaron sin mediar palabra y al mismo tiempo acordando no contar nada.
Sería nuestro secreto.
A la mañana siguiente, Carmen me preguntó en voz baja y sonriendo: “ ¿ Te hubieras ido con ellos?” Y por mi mente pasaron las crisis que son estafas y saqueos, el amor de mi vida… Todavía no le he contestado.

(Cristina Carrasco)

lunes, 19 de diciembre de 2011

CERRADO HASTA EL NUEVO AÑO...¡UF, QUÉ VALIENTE DEBE DE SER...!





MUAKS.¡ AÚN ESTOY AQUÍ Y YA OS ECHO DE MENOS!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Fuera de juego

Es el minuto ciento quince del partido y falta demasiado poco para el cara o cruz de los penaltys. Todo el mundo se muerde las uñas pero cuando la pelota llega a los pies de un tal Iniesta, una nación levanta los brazos y toca el cielo.
Muy lejos de allí, un niño se duerme con el proyecto de un balón entre las manos y alguien lo empuja. El niño entreabre los ojos, mira sus manitas de siete años y sigue cosiendo.
Nunca sabrá que él tejió el balón que ha atravesado aquella portería. Y los que sí lo saben, miran para otro lado.
(Cristina Carrasco)

lunes, 12 de diciembre de 2011

POETISA

(Cuadro de Isabel Guerra)
Siempre lo he tenido claro: soy poetisa. Nada de poeta. Desde que se inventó el castellano el femenino del que hace versos es poetisa, pero en los últimos tiempos, algunas mujeres han optado por el término en masculino para lograr la anhelada "igualdad". ¿ Igualdad? Igualdad significa "ser igual a alguien ¿no?" Y entonces la igualdad que persiguen estas muchachas me temo que será ser igual a los hombres ¿verdad? Pues yo me niego. En redondo y con todo mi ser. Yo soy mujer. Y como diría Gloria Fuertes "Mujer de pechos en pecho" y no quiero se igual a nadie de mi sexo y mucho menos del sexo contrario.
Quizá a alguien le pueda parecer mi opinión reaccionaria, pero yo no lo veo así y mi ejemplo no es el de esas pseudofeministas con cuerpos de mujer pero cerebros de hombre que aspiran a ser las próximas Margaret Thatcher  exhibiendo la bandera de la igualdad en términos de " Mirad, hemos dejado nuestros valores femeninos en casa y pensamos y hacemos como vosotros, así que somos iguales". No.
Mi ejemplo, entre otros, son las mujeres de la Segunda República que no hablaban en términos de igualdad sino de EQUIVALENCIA. " No somos iguales, pero sí somos equivalentes" y así me gusta moverme.
Valgo lo mismo y para lo mismo que cualquier hombre, pero soy mujer, con los valores propios y nada vergonzantes de la feminidad. Con mis diosas interiores. Con mi yo sensible y delicado. Con mi forma de ver el mundo desde un punto de vista de mujer para nada excluyente ni enemigo de los  valores típicamente masculinos. Somos COMPLEMENTARIOS.
Porque en la vida se han empeñado en enseñarnos que la noche es contraria al día, que lo bueno es contrario a lo malo... Pero en realidad, en la vida casi nada es contrario y casi todo es complementario.
Admiro profundamente a los poetas hombres y no tengo nada que reprochar a las mujeres que se llaman así mismas poetas, pero yo me siento y soy POETISA.