Sólo tengo paños calientes de palabras
para el dolor del mundo,
dos oídos para sentir tu llanto
y el borboteo de los sentimientos,
pero ofrezco mi sombrero a tu sufrimiento
y el refugio de mi pecho a tu tristeza.
Ayer elegí el dolor por tu silencio
y descubrí que las granadas siempre lloran
lágrimas rojas.
Algún día aprenderé a hacer con tu vacío
arrecifes de coral.