Todavía me aferro a algunas tormentas
y a veces, aún pienso
que las nubes son el cielo.
Pero luego respiro
y vuelan los algodones.
Ya sé que las tormentas son efímeras
aunque me aferre.
Este haiku ha llegado esta mañana de domingo después de una semana sin escribir porque tenía la mente al lado de la muerte y el bardo. Hoy, paseando con la perrita Bella y Barbara, hemos cogido un ramillete de mimosas y ha vuelto a mí la poesía. Ello quiere decir que, con lentitud de elefante, vuelven la rutina, los pájaros, la luna, los árboles y las flores. O mejor dicho, ellos me esperaban y la que vuelve soy yo. Renacida. Mimosas en la mesa: cien soles iluminados. ( Cristina Carrasco)