Tiembla la Tierra en el otro extremo
y hasta aquí llega el epicentro de la pena.
Cada día un nuevo dolor en una lengua diversa.
Mientras preparo el té y pienso en los mares
inundados de lágrimas,
el rosal se enreda y abre sus pétalos
ajeno a la tragedia...o quizá lo sabe todo
y aún así resurge para que todo siga
temblando
llorando
y naciendo.
Te dejo un pedazo de pan
para todas tus hambres.
Pero no me busques ni me esperes
porque tengo el feo detalle de llegar
cuando la fiesta termina.
Ser libre
es la única libertad que me concedo.
La tarde se convierte en un río de aparente eternidad.
Abre el azahar del naranjo
y perfuma de terciopelo el paseo.
Allí mis botas esquivan pétalos y polen volandero.
Parece que no ocurre nada
y sin embargo,
las mariquitas vuelven a cosquillear los lirios.
( Cristina carrasco)