jueves, 21 de febrero de 2008

DE PALACIOS IMPERIALES


Seguimos con el pequeño relato De palacios imperiales...


… llamó a mi madre y le informó de mi decisión. Y aquí quizá vuelva a defraudaros. Mi madre no hizo ningún aspaviento. No clamó al cielo. No lloró ni tampoco rió. No olvidéis que somos japoneses. Las emociones siempre se quedan dentro. Mamá dijo que ella no sabía nada de geishas, que sólo sabía que su vida era bastante esclava y que llevaban kimono. Y… y… y nada más. Papá es muy amigo de la disciplina y el aprendizaje a través de la experiencia, piensa, por ejemplo, que si tenemos miedo de que un niño pequeño se queme con la estufa, pongámosle la mano encima de ella cuando esté caliente y hagámosle comprobar que realmente quema, así no volverá a acercarse a la estufa. Por eso, cuando mi madre y yo le dijimos que quería ser geisha, dijo que muy bien, que él me llevaría a Gion ( el barrio de Kyoto donde están la mayor parte de okillas) , me quedaría en alguna de ellas y cuando viera lo que realmente debe ser esa vida, llamaría corriendo para pedir un billete de vuelta a casa.
Así lo hicimos. Pero no llamé nunca para pedir el billete de vuelta a casa.
Y aprendí a ser una obra de arte. Mientras fui aprendiz mi cara pintada de blanco me protegía como una máscara. Después, la sencillez se convirtió en mi uniforme. Y me transformé en la experta en el diálogo y en la escucha. Sobre todo en la escucha. En mirar a los ojos y leer el lenguaje oculto de la mirada. En mirar las manos y descubrir el lenguaje oculto de la manos. Los japoneses gesticulamos poco, ocultamos nuestros sentimientos, pero pocos sabemos que los ojos y las manos siempre nos delatan. Por ejemplo, el señor Yakuro siempre ocultaba sus manos detrás de cualquier objeto que tenía a su alcance, y cuando no tenía nada, las metía en los bolsillos. El señor Yakuro tenía secretos inconfesables de engaños a amigos leales y de envidias a compañeros. El señor Yakuro no podía vivir con su vergüenza, por eso no soportaba que nadie lo mirara a los ojos. La lealtad no estaba en su diccionario.
Pero Japón está comenzando una crisis económica e ideológica donde, como dijo mi antigua tutora, las geishas somos animales en peligro de extinción. Cada vez menos hombres llaman a las okillas y cada vez hay menos geishas. Por eso mi madre adoptiva aceptó cuando llamaron unos periodistas españoles para hacer un reportaje sobre las geishas en el Japón del siglo XXI.

Ti amo


Ahora que Katrina ahogó el blues en la garganta
negra de Nueva Orleáns,
ahora que el gospel huele a lodo, a fango
y a piel negra que resiste
sudando lágrimas de pobreza de campo de algodón,
ahora que la desgracia habla en black english con acento de Luisiana,
ahora, yo te digo que te quiero.

A ti, superviviente de tantas guerras,
te quiero.

No es muy original…
podría decirte que tus ojos verdes
son como esa copla que habla de mancebías
y ojos verdes como la albahaca.
Podría decirte que contigo me rescaté
del río helado de la tristeza,
podría decirte que eres mi Katrina,
mi huracán bueno,
el viento que ha barrido el conjuro
de los años-siglo.
Pero no te diría que te quiero…
Así de llano, así de sencillo,
justo como la Bergman le dijo al Rosellini
en aquel papel blanco:
“…ti amo…”
Ti amo aunque ahora no pueda gritarlo,
ti amo como Nueva Orleáns ama el blues
aunque ahora no pueda cantarlo.

miércoles, 20 de febrero de 2008

DE PALACIOS IMPERIALES


Seguimos con el relato. Perdón, pero el título no es como puse ayer Entre palacios imperiales sino De palacios imperiales
Yo soy geisha porque así lo decidí. Quizá os gustaría que os contara recuerdos de cómo ví caer aquellas dos bombas, pero no puedo hacerlo porque yo nací mucho tiempo después, cuando el emperador que no dudó en hacerse amigo de los nazis agonizaba vomitando sangre en su palacio imperial. Por eso no sé nada de bombas ni de soldados americanos campando a sus anchas y acostándose con chicas japonesas que se decían así mismas geishas y que vendían su cuerpo por un plato de comida. Esas historias me las contaron. Yo no las viví. La primera vez que vi a una geisha fue por la televisión. Yo tenía diez años y en ese momento supe lo que quería ser. Cuando acabé la enseñanza secundaria mi tutora me llamó para preguntarme qué carrera quería cursar y le dije que ninguna, que quería ser geisha. La tutora abrió los ojos de una forma que por unos instantes pareció occidental y sólo acertó a decir Pero si la geishas son una especie en peligro de extinción…

martes, 19 de febrero de 2008

ENTRE PALACIOS IMPERIALES


Hola a todas y todos, ayer empecé a escribir este relato y me gustaría compartirlo con vosotros y vosotras... os iré poniendo cada día o cada dos días un pedacito del cuento... como si fuera un cublebrón, ¿ os parece?

Cuando me miro al espejo veo dos líneas oscuras como ojos y unos mechones negros y lacios como pelo. No soy un ser especialmente bello ni especialmente inteligente, pero cuando me visto para las ocasiones, soy una obra de arte.
Sé provocar en ti escalofríos de admiración con sólo mover uno de mis dedos. Conozco la sutileza de los movimientos, la leve cadencia de unos dedos que se posan sutilmente sobre cualquier lugar. Sé reconocer la belleza de una sinfonía y la delicadeza sublime de un crisantemo.
Y soy una mujer tradicional, quizá poco convencional, pero tradicional al fin y al cabo, aunque con esa pequeña dosis de modernidad que me ha permitido dar un giro a mi vida y a mi profesión.
Porque yo me ahogaba en ese mundo de belleza sólo para hombres. Porque cada noche, cuando la seda se posaba en mi piel y miraba los dibujos de pagodas y pavos reales que la adornaban, me preguntaba ¿ por qué tengo que servir a los hombres?.
Entonces pensaba que ese era el precio que tenía que pagar por ser una embajadora de la belleza y de las obras de arte. . Y yo soy una obra de arte que anda por las calles de un barrio antiguo donde todos me miran al pasar, por lo exótica y lo bella. Por lo misteriosa y lo nostálgica. Porque al caminar entre las calles de este barrio antiguo les hablo del pasado y del misterio, de la belleza y el exotismo. Y a todos nos gusta lo que no conocemos y lo que creemos que tiene un lado oculto y oscuro. Aunque yo pertenezca a la tradición más antigua, pero quizá por pertenecer a la tradición soy oscura y exótica porque soy parte de la festividad de la Luna Llena , del sumo, de los samurais y de una isla extraña y fascinante. Porque yo soy geisha. Pero no os montéis en vuestras cabezas occidentales historias de tragedias familiares donde quizá fui vendida a una okilla… nada de eso es cierto.