martes, 25 de marzo de 2008

GOLONDRINA DE NOTRE DAME

GOLONDRINA DE NOTRE DAME

Abrí los ojos sintiendo el revoloteo de golondrinas en mi memoria y después me senté en la cama haciendo de mi cuerpo un ovillo poniendo la cabeza en las rodillas y diciéndome que no estaba loca. Había vuelto a soñar con golondrinas que bailaban al compás del sonido seco y monótono de mi bongo. Unas eran jóvenes , otras hacía muy poco que habían aprendido a volar, algunas desplegaban las alas ya cansadas pero aún ansiosas de movimientos hacia arriba y hacia abajo, trazando círculos con sus compañeras. Y recordaba muy bien el lugar de aquella extraña danza : una de las torres de Notre Dame. Descalza y vestida con todos los colores del arco iris, veía bailar a las golondrinas contenta de ser la que dictaba el compás de su baile. Pero también yo sabía que ellas bailaban porque así lo querían, porque sólo ellas eran las dueñas de su propia libertad. Y lo sabía desde siempre, desde los tiempos ancestrales de los mundos de agua.
Era una mañana fría y lluviosa del mes de enero. Me vestí con un traje chaqueta negro como el cielo que cubría la ciudad . El primer traje chaqueta me lo compré cuando decidí estudiar económicas. Yo siempre había querido estudiar filosofía pero todo el mundo me repetía una y otra vez que filosofía no sirve para nada. El segundo traje chaqueta me lo compré para la cena de fin de carrera. Con el tercer traje chaqueta fui a hacer la entrevista de trabajo donde trabajo. Aún recuerdo el día de la entrevista, currículum intachable, carta de presentación, impecable imagen y bolso lleno de ansiolíticos. El cuarto fue un traje chaqueta de Armani. Del quinto ya no me acuerdo. Quizá me lo compré la primera mañana que me desperté sintiendo el aleteo del sueño de golondrinas. O quizá me lo compré cuando hizo la entrada triunfal en mi vida la farlopa y todas las mañanas al despertar me preguntaba: ¿ habrá golondrinas en un cuarto oscuro de Notre Dame?.
Llamé a la oficina para decir que me encontraba mal. Tenía la necesidad imperiosa de ir al único lugar donde la paz me hace sentirme viva. Fui con mi diario entre las manos como las mujeres de siglos pasados iban a misa aferradas a sus misales. Era un diario íntimo y secreto que escribía bajo la espada del miedo, porque creía que algún día la farlopa me haría un agujero tan grande y blanco en el cerebro que no podría recordar quién era en realidad. Ese agujero blanco como un pozo entre la nieve sería una lavadora donde se centrifugarían y se esfumarían los bongos, las filosofías, Notre Dame con sus golondrinas y el sueño tonto y absurdo de que estudiar filosofía sirviera para algo. Pero cuando ese día llegara, estaría mi diario. Y él contaría a todos que tuve sueños, que bailé y toqué bongos en una torre de Notre Dame sintiendo el latido de la Tierra.. Porque yo puedo sentir el latido de la tierra y su quejido
Caminé por calles estrechas y antiguas donde todavía las piedras cuentan historias a todo el que las sepa escuchar, y me dirigí con paso decidido a las afueras de la ciudad.
Los primeros que me vieron llegar fueron los cipreses, altos, esbeltos, elegantes, impasibles guardianes de sueños eternos. La verja estaba abierta y al entrar toda la serenidad del mundo me recibió. Es un lugar sabio, sagrado. Es el punto final y la mayúscula del principio. Me senté en una lápida antigua de mármol y escuché el silencio roto por la lluvia que golpeaba las losas. Pasé suavemente las yemas de los dedos por una rosa que alguien dejó encima de la losa donde estaba sentada y la rosa me contó que estaba contenta porque estaba mojada. Como tú, yo aquí también soy feliz.
De pronto, un extraño revoloteo me sacó de mis pensamientos. Una golondrina se posó sobre la lápida, me miró durante unos segundos y después, aunque sus plumas estaban empapadas por la lluvia, alzó el vuelo y se convirtió en una mancha negra que ascendió feliz hasta el cielo.
Abrí mi diario y escribí:
“ Martes, 20 de enero :

Hoy, desafiando el frío, la lluvia y la lógica, una golondrina ha venido a verme desde Notre Dame…”

Y una gota que cayó de mi nariz manchó de rojo el papel. ..

Este cuento lo escribí ya hace algunos años y mueve bastantes pasiones tanto a favor como en contra, es decir, a algunas les encanta y a otras les parece extraño, que falta algo ¿ qué opináis vosotras y vosotros? A mí, personalmente me gusta mucho, y no sé por qué de vez en cuando vuelve extrañamente a mí y me lo voy encontrando por todos los papeles que reorganizo, por archivos que creía perdidos... tiene algo de magia.






domingo, 16 de marzo de 2008

TÍBET EN ARMAS



Cuando me enteré hace más o menos dos días de lo que estaba ocurriendo en Tíbet por un lado me he asombrado y por otro una vocecita me ha dicho : " Se veía venir". Y creo que las dos posturas son coherentes: por un lado Tíbet es el baluarte de la no violencia, por otro, creo que es esperar demasiado que un pueblo oprimido, privado de su identidad y su lengua, torturado y humillado antes o después no se levante en armas. Soy consciente de que no todos los tibetanos son lamas y toda paciencia tiene un límite.

Lo que más me duele de todo ésto es que China diga que estas revueltas están alentadas por el Dalai Lama. Quien piense eso es que no sabe en absoluto nada de la filosofía de este hombre.

No quiero caer en el error de juzgar a nadie, sólo quiero mandar mi energía más positiva a este pueblo desheredado y maltratado.

Om mani padme hum...

jueves, 13 de marzo de 2008

LA VOZ DORMIDA *




Ayer por la noche vi en infotelevisión (una cadena de muy poco alcance pero de un compromiso político increíble y una dignidad sin igual) un reportaje sobre los republicanos españoles durante los años de la II República y la guerra.

Hacía mucho tiempo que no me emocionaba viendo un reportaje y éste lo consiguió. Hablaban personas ya de una edad considerable y contaban sus vivencias. Cuando hablaban de los años republicanos a todos se les encendía la mirada hablando del comienzo de la lucha feminista, de la primera vez que votaron las mujeres en el 33, de las misiones pedagógicas, de las universidades populares, del comienzo de la petición de una ley del aborto...

sí, chicas, nuestras abuelas ya querían una ley del aborto y luchaban por el feminismo y la libertad.

Todos y todas se emocionaban recordando los años de la guerra, las humillaciones, el hambre, y cuando "acabó " todo, el exilio interior y exterior, los campos de concentración, los fusilamientos...

Y lo que más me impactó fueron dos comentarios finales, un hombre republicano ya entrado en años y con la mirada emocionada dijo:" cuando llegue la III República ni yo ni los que luchamos en la II estaremos, pero alguien nos tendrá en su pensamiento y será como si estuviéramos ahí."

Y un matrimonio, los dos de la CNT dijeron: "Nos quitaron muchas cosas y muchos sueños, se llevaron nuestra voz y a mucha de nuestra gente, pero no consiguieron arrebatarnos las ganas de seguir riendo, de salir, de cantar y de bailar tango, con eso no pudieron".

¡ Cuanto les debemos a nuestros mayores! a ellos y a ellas. Sobre todo a ellas, que fueron las grandes ignoradas, insultadas e incomprendidas y siguieron ahí.

Adelante con la memoria histórica, aunque sólo sea por lo mucho que les debemos. Aunque sólo sea para que viejos fantasmas dejen de de buscar su camino en las cunetas y encuentren la paz que se merecen.



*La voz dormida es una novela preciosa de Dulce Chacón que habla de presas republicanas.


miércoles, 12 de marzo de 2008

SUSURROS EN LA LIBRERÍA




A Elvira le encanta jugar a ser invisible. Esto no sería nada extraño viniendo de una niña, pero es que Elvira es una mujer que roza la cuarentena. O mejor dicho, Elvira no es ya una mujer y cuando cree que juega a la invisibilidad sólo está viviendo la realidad.
Elvira trabaja en una librería bellísima con estanterías de madera pintadas de colores y mesas camilla donde la gente se puede sentar y hojear los libros que le gustan. Hay marionetas que cuelgan del techo y las paredes y todo el ambiente está impregnado de esencias que recuerdan el jazmín, la mirra y el sándalo. Pero hay algo más que todos sienten y nadie cuenta.
Cuando una persona atraviesa la puerta y suenan las campanillas , de repente siente un susurro. Es una vocecita frágil pero nítida que le dice Ve a la sección… y abre el libro…. Es un susurro que nadie puede evadir. Y cuando la persona llega a la sección y abre el libro que la vocecita le ha indicado, encuentra una señal, un camino para lograr sus sueños.
: “ ¿ Quién te dijo que deseo una vida feliz, Severo? Es el último adjetivo que emplearía para definir el futuro al cual aspiro. Quiero una vida interesante, aventurera, diferente, apasionada, en fin, cualquier cosa antes que feliz”. Esto leyó Patricia cuando la voz le dijo que fuera a la sección de novela latinoamericana y abriera Retrato en Sepia de Isabel Allende. Cerró de golpe el libro y salió corriendo con él debajo del brazo.
Viviendo en un barrio donde lo normal es casarse a los veintipocos años, ser madre a los veintitantos y empezar a quejarse de la rutina a los treinta, soñar con zapatos rojos y kilómetros parece que está prohibido, pero cuando a los deseos se les ponen palabras sólo queda un camino: salir corriendo a cumplirlos.
Un jueves a las doce en punto del mediodía entró en la librería Andrés y la voz fue clara: poesía anglosajona… ella te está esperando. Allí, un poema de ella :” ” Los deseos se forjan de noche con los ojos cerrados. Se tejen de día con las manos abiertas. Se alcanzan al atardecer con los pies cansados. Alza la mirada . Todo está por vivir.” Andrés alzó la mirada y se topó con un cartel anunciador de un recital de poesía. Ella iba a contar sus poemas. Ella con su mirada lo invitaba a ir…y desde entonces, Andrés piensa que la poesía tiene nombre de mujer anglosajona y olor a sándalo.
Y ese es el extraño día a día de esta tienda. Cada persona que entra en la librería siente el susurro. La sección. El libro. Las letras. El camino. Pero nadie habla de ello, algunos creen que por temor a que los llamen locos, otros prefieren no pensar en lo que ocurre, aunque la verdad es otra muy distinta. Nadie habla de la voz dulce que susurra porque todos temen que al contarlo la voz se evapore como los besos no dados.
Y así sigue Elvira, susurrando destinos a quien nadie la ve creyendo que juega al escondite. Atrapada entre los rizos despeinados de las nubes y los pies profundos de la Tierra. ¿Y si un día descubre que no juega a ser invisible?