jueves, 26 de enero de 2012

DE CAJAS Y RATONES.

Quisiera huir
donde mis pies pequeños
no sientan esta Atlántida
sumergida en el ensueño
y la codicia.
Quisiera huir, sí,
olvidar las bulerías
y el corazón ardiente.
Pero estoy aquí
y no hay escapatoria.
Soy el ratón
que busca inutilmente
una salida en la caja.
Pero no hay salida.
Se la llevaron, alegres,
la cambiaron por trajes
con los bolsillos llenos
y muchos aplaudieron.
Prefieren ser ratones
circulando en una caja.

martes, 24 de enero de 2012

La palabra más hermosa


Este es el título de la novela que estoy leyendo y he de decir que me he enamorado de la forma en que está escrito. Tanto, que en Italia he comprado todos los libros que he encontrado de Margaret Mazzantini, su autora. ( Aquí también podéis encontrarlos, pero yo prefiero leerlos en la lengua original si la entiendo, como es este caso).
No tengo muy claro si su prosa es poesía o simplemente estoy leyendo una novela escrita en verso.
Una sensibilidad extrema y una dulce forma de contar los hechos más duros hacen de esta mujer una maestra de la palabra.
Pero no penséis que estamos ante novelas de mucho estilo pero poco argumento, en absoluto. Los argumentos son fuertes, sólidos, bien estructurados y duros, muy duros. No dan tregua.
La única tregua, quizá, sea la belleza de las palabras.
Y para muestra, algunos fragmentos de lo que hasta ahora llevo leído de la novela y que me han impresionado por su fondo y por su forma.
He de decir que la novela se centra en Sarajevo en la guerra de los noventa que arrasó los Balcanes y en la vuelta de la protagonista y su hijo a esta ciudad en la actualidad. En estos dos texto, habla su amigo Gojko, que es sarajevita, reflexionando sobre lo que fue la posguerra :

" Fue más fácil correr bajo las granadas que pasear entre los escombros".

" Un día pasé por un prado rojo de amapolas y , por primera vez, no pensé en sangre, sino que me quedé encandilado por aquella belleza tan frágil. Bastaba mucho menos de un hacha, de un maljutka, bastaba un golpe de viento. Ese prado estaba ahí para nosotros, aguardándonos tras esa curva. Un inmenso campo moteado de lenguas rojas, como corazones que han caído del cielo en la hierba. Iba en coche con mi mujer. Nos detuvimos y rompimos a llorar. Primero fui yo, y al cabo de un rato también a ella se le arrasaron los ojos en lágrimas. Fue un llanto que nos vació lentamente, que nos resarció. Y a partir de esa noche empezamos a respirar con el pecho. Ya lográbamos soportarlo. Durante años, nuestra respiración se detenía en la garganta, no podía ir más allá...Al cabo de dos meses, mi mujer quedó embarazada."

En el siguiente párrafo, la autora habla sobre la lista de las personas muertas mientras hacían cola  en el mercado de Sarajevo :

" Los puestos están llenos de colores, mucho más ordenados de lo que recordaba... La lista de muertos está al fondo, en un muro de piedra gris, impresiona mucho. Es la lista de los vivos arrancados de la vida, todos en el mismo instante, en el mismo batir de alas del mismo diablo. Y me pregunto dónde está ese diablo, si se ha alejado lo suficiente o aún ronda no muy lejos de aquí ".

lunes, 16 de enero de 2012

En la montaña


La gente estaba ya entrando en ese momento de la fiesta en que los efectos del alcohol propician que todos comiencen a adorarse, abrazarse y decirse lo mucho que se quieren y lo grandes amigos que son. Pero ni yo ni Carmen habíamos bebido, así que mirábamos atónitas cómo el mundo de nuestros amigos y amigas se adoraba en dimensiones jamás vistas.
Comencé a hartarme de ese clima meloso empapado en alcohol y decidí salir a tomar el aire fuera de la casa. Carmen me siguió, no sé exactamente si para cerciorarse de que yo salía con todas las chaquetas y bufandas reglamentarias para sumergirse en la intemperie una nochevieja perdida en una casa en medio de la montaña, o simplemente, me siguió porque ella también estaba harta de tantas fiestas y la tácita obligación de divertirse en nochevieja.
Nos sentamos en el porche de la casa y miramos las estrellas.
En el horizonte apareció una luz roja que parecía envuelta en fuego, y de ella salieron dos luces rojas más que se elevaron en vertical y comenzaron a aproximarse, con mucha velocidad, hacia donde estábamos nosotras.
No podía dejar de mirar las tres luces de fuego y me pregunté qué haríamos cuando esos artefactos estuvieran a nuestra altura. Carmen también los miraba, callada.
Conforme se iban acercando , mi pregunta de qué hacer se iba haciendo más acuciante, pero tal y como habían surgido, el cielo las absorbió.
Pasaron unos segundos de silencio que Carmen rompió para susurrar: “ Las ha tapado una nube”… Pero El Carro, Orión y todas las constelaciones se mostraban demasiado evidentes como para aferrarse a la fantasía de una nube. Seguimos mirando el cielo por unos segundos. Yo, preguntándome y en el fondo temiendo, volver a ver las luces de fuego, Carmen, estoy segura, intentando buscar una explicación en su mente científica.
No las volvimos a ver. Y cuando nos cansamos de mirar hacia el cielo, nuestras pupilas se cruzaron sin mediar palabra y al mismo tiempo acordando no contar nada.
Sería nuestro secreto.
A la mañana siguiente, Carmen me preguntó en voz baja y sonriendo: “ ¿ Te hubieras ido con ellos?” Y por mi mente pasaron las crisis que son estafas y saqueos, el amor de mi vida… Todavía no le he contestado.

(Cristina Carrasco)

lunes, 19 de diciembre de 2011

CERRADO HASTA EL NUEVO AÑO...¡UF, QUÉ VALIENTE DEBE DE SER...!





MUAKS.¡ AÚN ESTOY AQUÍ Y YA OS ECHO DE MENOS!