Y a pesar del sinsentido,
cuando te pienso
no siento dolor, ni ira,
ni odio.
Sólo una paz desmesurada
que me lleva a dedicarte
los pequeños méritos
del tesón cotidiano.
¿Será a ésto
a lo que llaman madurez?
Hace tiempo tuve que elegir
entre morir de hambre o ser yo.
No lo dudé
y fui a pescar la luna
del agua de los charcos.
Aprendí
a soltar redes y a caminar
enfangando el espejismo
con mis pies alborotados.