Una sirena me abre los ojos
al sufrimiento del otro...
Me concentro en el mío
pero...
No es diferente al que suena
lejos, como un eco.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Desconozco su autor/a.
Extraída de Pinterest
Una sirena me abre los ojos
al sufrimiento del otro...
Me concentro en el mío
pero...
No es diferente al que suena
lejos, como un eco.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Desconozco su autor/a.
Extraída de Pinterest
Querida hermana:
¡Ha nevado tanto y está haciendo tanto frío!... A veces pienso que seres invisibles se han enfadado con los seres humanos por lo mal que nos hemos portado con la Madre Tierra y nos están enviando esta pandemia y este frío. Sí, sé que no suena muy científico pero ¿cuándo he sido yo científica?.
Me debato entre la contemplación de la belleza que la nieve y el hielo dejaron y el estremecimiento por el desastre. Me debato... y ahí estoy.
Ayer recibimos una gran noticia. Algo que quizá ponga fin a un ciclo que ha sido muy difícil. Quiero creer que así será y que el sufrimiento llevado con dignidad pero también con momentos de gran tristeza pronto estará listo para ser sometido a examen, aprender de él y luego pasar página. Ojalá que así sea.
¿Nieva donde tú estás? Te imagino entre la belleza de una postal de navidad pero teniendo el frío controlado. Te imagino caminando segura entre el blanco como una diosa del frío que admira el prodigio de una naturaleza bella y enigmática.
Hoy me he dado cuenta que han comenzado a alargar los días y me he alegrado. Ya queda poco para que los almendros y las mimosas tengan flor. Si deja de hacer tanto frío, en menos de quince días disfrutaremos de estas flores y del día de la marmota, tan graciosa, que no se sabe quién es más marmota si ella o esos señores decimonónicos que la sacan de su escondite. Entre todo esto, tendríamos que celebrar San Blas, ir a la feria, comprar golosinas en los puestecillos... pero no será. Tal vez el año que viene...
Que la nieve bonita lleve hasta ti mi abrazo.
***
Autora: Cris Carrasco
Imagen: Corinne Reigner
A veces le dejo espacio a la tristeza
enraizada en estos tiempos de pulmones enfermos.
Hablo con el peso de la vida, le intento poner alas
y una corona de magnolias atada al cabello.
Han vuelto los sueños que me despiertan en la oscuridad
de esta noche que parece haber olvidado el amanecer,
pero ya no les tengo miedo
porque aprendí la forma de traspasar su umbral:
bailando con la incertidumbre,
dejando que el oso me alcance
sin correr.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Bryce Cameron
Tan frondosa en verano,
la higuera languidece
este diciembre.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Cris Carrasco García
Querida hermana:
Parece que te tengo abandonada, pero es sólo una apariencia porque sabes que tú y yo siempre estamos cerca.
No te he escrito porque el mundo del voluntariado ocupa gran parte de mi tiempo y es un tiempo maravilloso de dedicación y amor. Durante un mes estaré libre y pienso dedicarme a ti, a mí, a repasar lo aprendido en el camino y a leer una novela de esas que sabes que leo de vez en cuando: sencilla y dulce, sin argumentos rebuscados ni giros impredecibles.
Este diciembre está siendo suave. Parece que el tiempo ha decidido darnos una tregua ante el problema que todos y todas tenemos como una nube que nos cubre y no deja a nadie indiferente.
No he vuelto a ver a la abubilla pero las hojas de buganvilla a veces me siguen pareciendo mariposas. Bella y yo seguimos paseando por el lugar de las encinas y a veces miro las piedras que hay debajo de una de ellas y recuerdo a las hermanas del círculo de mujeres. Nos vemos poco desde que llegaron las mascarillas y se prohibieron los abrazos pero hablamos bastante. Todas siguen en la brecha. Ya sabes cómo son. Nunca se cansan y siempre inventan nuevas formas de sobrevivir y de estar alegres. Por eso las admiro y sé que tú también te rindes ante ellas. Son mujeres sabias capaces de hechiza la adversidad.
Esta navidad la pasaremos en casa. No saludaremos el precioso bosque de Italia y por ello estos días me siento un poco nostálgica. Recuerdo la noria, los árboles dormidos esperando la primavera, el frío intenso y agradable a la vez, la calidez de la casa, el tillo con cientos de esferitas de lluvia como pequeños brillantes... Este año todo ha quedado guardado en el cajón del recuerdo. Pero podemos disfrutar de una navidad diferente y si nos lo proponemos, también puede ser bonita.
Cuando me siento un poco triste, recuerdo que hay muchas personas que han perdido a seres queridos o que los tienen en el hospital y no pueden ir a verlos.... eso sí que es una navidad triste. Que estas personas muy pronto encuentren consuelo y aceptación. Que estén bien.
Y ya me voy.
Prometo volverte a escribir más veces durante este mes.
Las nubes del amanecer llevarán hasta ti mi abrazo.
***
Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Barbara Zambon