El cuenco se vacía
tomando el caldo
veo su fondo.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Pinterest
Querida hermana:
Aunque parece que no nos hemos leído en todo este mes, sí lo hemos hecho y tú lo sabes porque alguna vez me has pillado agazapada curioseando por esta casa entre las letras del pasado.
Volvimos de una navidad tan bella como fría y cargada de árboles desnudos.
Desde hace unos días, sin razón aparente, me duelen los amaneceres. Quizá la poca luz me está robando un poco la sonrisa.
Aún así, aquí estoy, solitaria y fuerte, sensible y lúcida soñando otros mundos posibles.
Estoy aprendiéndome desde otro punto de vista y ahora comprendo mucho mejor mi deseo de soledad, mis silencios, algunos de los movimientos que me envuelven y conceptos que se me anudaban al cuello como una bufanda apretada.
Ahora entiendo tantas cosas que muchas partes de mi vida han encajado de repente como las piezas de un rompecabezas que no conseguía montar pero que con un palabra mágica ellas mismas se han puesto cada una en su lugar.
Sé que es extraño, pero ha ocurrido.
Y he comenzado a pintar mandalas con lápices de colores. Caminos circulares que empiezan donde acaban pero cuando los terminas no eres la misma que cuando los comenzaste.
No sonrías por mis enigmas... No se necesitan las palabras para quien sabe entender.
Que esta noche que comienza lleve hasta ti mi abrazo.
***
Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Elisa Begani
Yace el poema bajo el silencio
de esta tarde de invierno.
Descansa, lánguido, cobijado del frío
en una taza de té
y la nieve cubre las montañas.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Extraída de Pinterest
Escampaste al viento palabras que duelen,
y el mismo aire me llenó la boca
de arena y barro.
Derribaste un puente con la magia de lo sutil
y me quedé
intentando amarrar confianzas
con alfileres de perla blanca
que después
cayeron
como
cae
todo.
(Cris Carrasco García)
Imagen: Fred Calleri
Querida hermana:
Ya estamos en casa y el otoño, como ocurre siempre en esta tierra, llega por las mañanas, se marcha al mediodía y vuelve por la noche.
En una de esas mañanas me constipé y eso me llevó a hacerme dos pruebas por si el bichito que tanto daño está haciendo me había alcanzado.
Pero no.
Ha sido sólo que la visita del señor otoño mañanero me pilló sin chaqueta. Ya me conoces, el frío casi siempre me pilla sin chaqueta, la lluvia sin paraguas y el calor con demasiada ropa.
Sabes que hay un volcán muy enfadado ¿verdad? Y como todos los fenómenos naturales, es muy bello y muy dañino a la vez. ¿Por qué tanta belleza causa tanto sufrimiento? ¿Por qué los ríos de lava incandescente no pueden traer felicidad?
Así es la naturaleza. Indómita y fuerte. Creemos que la dominamos y en medio segundo ella nos demuestra quién manda aquí.
Los plátanos se agotan en el mercado. Todo el mundo quiere ayudar de alguna manera y eso me emociona. Las catástrofes sacan lo mejor que llevamos dentro.
Y ahora que ya salgo de casa porque he dejado de ser un caracol mocoso, te dejo porque yo también me voy a comprar plátanos. Eso sí, con la chaqueta puesta.
Que las hojas crujientes del otoño lleven hasta ti mi abrazo
***
Texto: Cris Carrasco García
Imagen: Fred Calleri