Si me despiertas con un poema
te donaré mi risa
todo el día y parte de la noche.
Pero si decides hacer poesía
con la soledad
también tendrás mi risa
para que despiertes.
Tengo en casa un piano azul aunque no sé ninguna nota.
Está a la sombra de la puerta del sótano, desde que el mundo se enrudeció.
Tocan cuatro manos de estrella -la mujer-luna cantó en la barca-, ahora bailan las ratas en el teclado.
Rota está la tapa del piano... lloro a la muerta azul.
Ah, queridos ángeles, abridme -comí del pan amargo- a mí con vida la puerta del cielo- incluso contra lo prohibido. Versión de Sonia Almau
Imagen: Claudia Tremblay
Obertura
Nos separamos en el preludio del amor... en mi corazón resplandecía aún clara tu palabra, y callados fuimos extinguiéndonos en el torbellino urbano, bajo el velo de la tarde del turbio septiembre en un sollozante acorde. Así en la breve obertura de amor nos esfumamos de esta tierra a través de paraísos hasta las puertas del cielo- y no fueron necesarios los juramentos de amor eterno ni los besos del azul y mágico crimen. Versión de Sonia Almau
Tiembla la Tierra en el otro extremo
y hasta aquí llega el epicentro de la pena.
Cada día un nuevo dolor en una lengua diversa.
Mientras preparo el té y pienso en los mares
inundados de lágrimas,
el rosal se enreda y abre sus pétalos
ajeno a la tragedia...o quizá lo sabe todo
y aún así resurge para que todo siga
temblando
llorando
y naciendo.
Te dejo un pedazo de pan
para todas tus hambres.
Pero no me busques ni me esperes
porque tengo el feo detalle de llegar
cuando la fiesta termina.
Ser libre
es la única libertad que me concedo.
La tarde se convierte en un río de aparente eternidad.
Abre el azahar del naranjo
y perfuma de terciopelo el paseo.
Allí mis botas esquivan pétalos y polen volandero.
Parece que no ocurre nada
y sin embargo,
las mariquitas vuelven a cosquillear los lirios.
( Cristina carrasco)