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viernes, 4 de febrero de 2011
QUEDA LA NIEVE. PARTE III
Todo se enredó sin que nadie, y mucho menos Gabriela supiera cómo había sido. Todo el mundo tomó partido, unos por convicción y otros a la fuerza. Al principio, las nanas fueron sustituidas por canciones que decían algo así como A las barricadas o Ay Carmela, pero poco tiempo después, la guerra fue haciendo de las almas pasas arrugadas envueltas en corcho empeñado en no sentir. Las nanas se ahogaron en las gargantas, y el Ay Carmela, y las barricadas cayeron a fuerza de cañonazos. Y cuando los que no iban a pasar pasaron y se quedaron, Gabriela, Vicente y su hija compraron pasaportes falsos y se subieron a un coche negro como una película de misterio. Antes, Gabriela y Adela habían llorado abrazadas, habían jurado escribirse y habían jurado mandarse libros y felicitarse los cumpleaños y cerrar los ojos cada noche antes de dormirse y cantar una nana en susurros que el aire llevaría hasta donde estuviera la otra. Todo eso juraron y todo eso cumplieron hasta que muchos años después pudieron verse.
Vicente tenía amigos en Ginebra que le prometieron trabajo, casa y ayuda y allí se detuvo el coche negro como una película de misterio. De allí bajaron con olor de exiliados Gabriela, Vicente y mi madre, que entonces , como todos ya sabréis, no era mi madre sino una niña asustada y constipada. Nada más instalarse, Gabriela se enfrascó en la ardua tarea de aprender francés y lo consiguió. Para practicar el francés escrito, decidió hacer una reflexión de todas las cosas que había vivido y una lista con las dudas y reproches que debía hacerle a Dios cuando se fuera al cielo. Estaba enfrascada en ello cuando una mañana de noviembre el cielo se puso de un color gris blanquecino . Y de repente, en medio del silencio más absoluto comenzaron a caer copos de nieve. Gabriela no había visto la nieve en su vida. Sólo había conocido el sol caribeño y el sol mediterráneo, el calor del trópico y la luz de Valencia, por eso, corrió hasta la calle y cogió algunos copos de nieve que se le deshicieron en las manos y se las congelaron y decidió dar carpetazo a su tristeza de exiliada. Decidió que ya estaba bueno de tanta lágrima nostálgica de sol. Esto era lo que era y esto era lo que había. Y la podían privar del sol y la podía privar del olor de azahar porque ahora había descubierto la belleza oculta de la gélida Ginebra. Y cantando un son cubano mezclado a ratos con pasodoble fue a comprarse una máquina de escribir. Cuando llegó a casa le puso un papel como buenamente supo y pinchando las teclas como el que pincha aceitunas marcó en el papel : Queda la nieve.
Mi abuela había decidido escribir una novela. Pero como sabía que de novelistas viven muy pocos, decidió que ella también quería ser independiente como esas mujeres que contaba Adela, y le dijo a mi abuelo de montar en un cuadrado muy pequeño que un amigo le había propuesto alquilar, una librería. Así, entre olor a papel y sonido monótono de máquina de escribir, mi abuela se adaptó a Ginebra, a su frío, a su lago y a la seriedad de sus gentes . Pero no olvidó ni por un momento todo lo que traía de Cuba y todo lo que había aprendido y visto en Valencia. Así que muchas veces, cuando entraba en la tienda el posible cliente se encontraba con una mujer de piel de chocolate que siempre sonreía con ojos pícaros y boca sensual, que desprendía calidez de trópico y olor a cacao mezclado con azahar. Como un tucán que trae olores de la selva y colores del paraíso.
Y volvieron otra vez los días del ensueño. La tranquilidad se reinstaló en las vidas de Vicente y Gabriela mientras mi madre, que por cierto, no sé si he dicho que se llamaba Adela como la tía de valencia, crecía entre sones cubanos, rumbas, tangos, nanas, polkas, pasodobles, entre libros de poemas y novelas policíacas, románticas, de misterio, de crecimiento interior , entre humeantes chocolate suizos y cálidas manzanillas invernales. Pero nada de todo esto llegó a rozar ni el más pequeño poro de su piel. Se convirtió en una adolescente seria, fría y distante con el único objetivo en la vida de llegar a ser funcionaria. Gabriela hubiera querido que se hiciera hippie, que corriera el mundo con una mochila en la espalda y levantara los adoquines para encontrar arena de playa , que persiguiera a los Rollings stones y se enamorara de un rubio hoy y de un moreno mañana, pero no. Mi madre, Adela, que de española sólo tenía el nombre y de suiza todo lo demás, sólo se enamoró de mi padre, se casó después de un noviazgo largo en medio del cual aprobó las oposiciones que la convertían en funcionaria y me tuvo a mí una tarde de agosto .
( fotografías extraídas de Internet)
miércoles, 2 de febrero de 2011
QUEDA LA NIEVE.PARTE II
( Imagen extraída del blog eljardindemiduende.blogspot.com)
Y así , Gabriela bajó del barco aquel día de abril con el corazón encogido y tarareando un tango triste que hablaba de corazones desgarrados. Pero no se consintió mucho más tiempo de dolor. Había salido de Cuba. Había desembarcado en una tierra de sol ¿ qué más quería?. Y cuando al andar por la calle moviendo sus caderas con su piel de chocolate la gente se giraba a mirarla, se negó a pensar que era por racismo y se convenció de que la miraban porque era el ser más bello y más exótico que habían visto aquellas gentes. Como un tucán que trae olores de la selva y colores del paraíso.
Mi abuelo y mi abuela nunca fueron realmente un matrimonio, pero donde no nació el amor nació una amistad inquebrantable , un lazo de apoyo mutuo y cariño que se han llevado los dos allá donde nos vamos cuando acabamos nuestro viaje en la Tierra. Quizá por eso, Gabriela se empapó hasta el tuétano de lo huesos de las ideas republicanas de Vicente y corrió con él arriba y abajo por los agitados años de la Segunda República. Allí, en aquel tiempo, en aquellas reuniones, entre aquella agitación, mi abuela encontró a la maestra que sería su pigmalión y que le trazaría , sin ella saberlo, las líneas de su destino. Se llamaba Adela y era, como he dicho, o si se me ha olvidado lo diré ahora, maestra de escuela. Adela enseñó a mi abuela a leer y a escribir, a descubrir el apasionante mundo de las letras y a leer también entre las líneas . Juntas buscaron cachitos de Cuba en la brisa de Valencia y juntas se aliaron en el pensamiento de un feminismo que si ya no andaba en pañales todavía comía papilla. Así, cuando una noche de luna llena nació mi madre, Adela le susurró bajito a la bebé que algún día, ella iría a la universidad y se haría médico, o arquitecto, y no andaría por ahí buscando partidos para casarse y que la mantuvieran. Le dijo que ella sería fuerte como los robles y no florecilla ni bella durmiente y le dijo que si no hacía todo eso y se quedaba en la tontuna de casarse y tener niños y ser ángel del hogar, allí estaban su madre y ella, la tía Adela, para darle un buen azote en las costillas y enderezarle el camino y los pensamientos.Y por un tiempo, la banda sonora de mi abuela fueron las nanas. Canciones que ella se inventaba con ritmo de son cubano. Pero el tiempo de los sueños y de los ideales acabó pronto y con una fecha concreta. El 18 de julio de 1936.
En el fondo, nadie en la familia nos creíamos esta historia. Pero como Gabriela la contaba una y otra vez añadiendo olores, sabores, sentimientos, vivencias y siempre la terminaba cantando con toda su fuerza, que no era poca, ese tango que según ella bailó con mi abuelo y que marcó un antes y un después en su vida, terminamos todos por querer creer qu había sido verdad. Lo único cierto de todo esto fue que Vicente y Gabriela desembarcaron una mañana de abril en el puerto de Valencia y ella buscó desesperadamente un rayito de sol, un azul de mar transparente, un algo a lo que agarrarse y en lo que consolarse. Pero tan grande era la pena que no fue capaz de ver una sola palmera ni notar en el aire el suave y dulce olor a azahar. Gabriela no estaba triste por haber dejado La Habana, porque ella quería dejar Cuba desde bien pequeña. Mi abuela sentía un peso que le atravesaba de parte a parte y casi la doblaba porque en cuanto el barco soltó amarras , mi abuelo le habló claro : “ Mira Gabriela, mejor que sepas la verdad por mi parte que te enteres por otros. Yo no estoy enamorado de ti. Mis padres son los dueños de muchos arrozales y campos de naranjos de Valencia y querían casarme con la hija de otros dueños de arrozales y campos de naranjos y a mí no me daba la gana de casarme con ésa. Tú me dijiste que querías salir de La Habana, que Cuba te asfixiaba, que cada mañana lanzabas una botella al mar y dentro un mensaje que ponía socorro. Pues ya estás fuera de La Habana. Los dos hemos conseguido lo que queríamos. El nuestro es un matrimonio de conveniencia.”Y así , Gabriela bajó del barco aquel día de abril con el corazón encogido y tarareando un tango triste que hablaba de corazones desgarrados. Pero no se consintió mucho más tiempo de dolor. Había salido de Cuba. Había desembarcado en una tierra de sol ¿ qué más quería?. Y cuando al andar por la calle moviendo sus caderas con su piel de chocolate la gente se giraba a mirarla, se negó a pensar que era por racismo y se convenció de que la miraban porque era el ser más bello y más exótico que habían visto aquellas gentes. Como un tucán que trae olores de la selva y colores del paraíso.
Mi abuelo y mi abuela nunca fueron realmente un matrimonio, pero donde no nació el amor nació una amistad inquebrantable , un lazo de apoyo mutuo y cariño que se han llevado los dos allá donde nos vamos cuando acabamos nuestro viaje en la Tierra. Quizá por eso, Gabriela se empapó hasta el tuétano de lo huesos de las ideas republicanas de Vicente y corrió con él arriba y abajo por los agitados años de la Segunda República. Allí, en aquel tiempo, en aquellas reuniones, entre aquella agitación, mi abuela encontró a la maestra que sería su pigmalión y que le trazaría , sin ella saberlo, las líneas de su destino. Se llamaba Adela y era, como he dicho, o si se me ha olvidado lo diré ahora, maestra de escuela. Adela enseñó a mi abuela a leer y a escribir, a descubrir el apasionante mundo de las letras y a leer también entre las líneas . Juntas buscaron cachitos de Cuba en la brisa de Valencia y juntas se aliaron en el pensamiento de un feminismo que si ya no andaba en pañales todavía comía papilla. Así, cuando una noche de luna llena nació mi madre, Adela le susurró bajito a la bebé que algún día, ella iría a la universidad y se haría médico, o arquitecto, y no andaría por ahí buscando partidos para casarse y que la mantuvieran. Le dijo que ella sería fuerte como los robles y no florecilla ni bella durmiente y le dijo que si no hacía todo eso y se quedaba en la tontuna de casarse y tener niños y ser ángel del hogar, allí estaban su madre y ella, la tía Adela, para darle un buen azote en las costillas y enderezarle el camino y los pensamientos.Y por un tiempo, la banda sonora de mi abuela fueron las nanas. Canciones que ella se inventaba con ritmo de son cubano. Pero el tiempo de los sueños y de los ideales acabó pronto y con una fecha concreta. El 18 de julio de 1936.
martes, 1 de febrero de 2011
QUEDA LA NIEVE. PARTE I
Espero que os guste este relato "corto" que escribí hace algún tiempo. Considero que es un poco largo para publicarlo todo entero en una entrada, así que lo he dividido en dos o quizá tres partes.
Antes que nada quiero hacer alguna aclaración porque muchas personas que lo leen me hacen las mismas preguntas: aunque el relato está narrado en primera persona NO es autobiográfico, y ninguna de mis dos abuelas verdaderas fue cubana.
Dicho lo cual espero y deseo haceros disfrutar mínimamente con este relato.
Cómo llegaron a conocerse mi abuelo y mi abuela fue uno de los secretos mejor guardados por ella durante toda su vida. Cuando yo le preguntaba cómo había sido ese encuentro me decía que ella, un día, caminando por La Habana, había sentido una necesidad increíble de gritar, de gritar y de gritar. Pero no gritar cualquier cosa, no, sino de decir muy muy alto ¡Vicente!, que así se llamaba mi abuelo. Y contaba que gritó tanto que Vicente, desde Valencia, la oyó y fue incapaz de esperar un poco para comprar un billete y coger un barco que lo acercaran a Cuba. No. El abuelo, siempre según la abuela, se fue nadando hasta La Habana . Y cuando llegó allí, encontró a Gabriela esperándolo con una falda larga y abierta que le dejaba ver las piernas, un biquini escueto que le tapaba lo esencial de las domingas y una cesta de frutas tropicales en la cabeza. Vicente estaba empapado hasta los huesos de tan húmeda travesía, pero conservaba intacto en su cabeza un sombrero panamá blanco que le hacía juego con su traje también blanco de señorito español. Se miraron. Se gustaron. Y sellaron su unión bailando un tango de Carlos Gardel, que por aquel entonces estaba muy de moda, quizá porque todavía no había cometido el disparate de estrellarse con un avión.
Antes que nada quiero hacer alguna aclaración porque muchas personas que lo leen me hacen las mismas preguntas: aunque el relato está narrado en primera persona NO es autobiográfico, y ninguna de mis dos abuelas verdaderas fue cubana.
Dicho lo cual espero y deseo haceros disfrutar mínimamente con este relato.
QUEDA LA NIEVE
Mi abuela se llamaba Gabriela y tenía la piel achocolatada. ¿ Que cómo es la piel achocolatada? Pues del color del chocolate, pero del chocolate mezclado con leche y alguna que otra almendra. Era cubana y tenía en sus caderas toda la exuberancia del Caribe y en sus labios todo el descaro del sol tropical. Todo lo hacía cantando porque decía que la vida tenía banda sonora y que uno de los deberes de los humanos era intentar descubrir qué música era la apropiada para cada momento. Así que ella cantaba cuando mareaba el chocolate humeante y caliente del invierno. Cantaba cuando hacía el allioli que le enseñó a hacer mi abuelo. Cantaba cuando salió de Cuba y cantaba cuando llegó como exiliada a la gélida Ginebra. Pero me estoy adelantando a los hechos y eso no es bueno en los cuentos.
Cómo llegaron a conocerse mi abuelo y mi abuela fue uno de los secretos mejor guardados por ella durante toda su vida. Cuando yo le preguntaba cómo había sido ese encuentro me decía que ella, un día, caminando por La Habana, había sentido una necesidad increíble de gritar, de gritar y de gritar. Pero no gritar cualquier cosa, no, sino de decir muy muy alto ¡Vicente!, que así se llamaba mi abuelo. Y contaba que gritó tanto que Vicente, desde Valencia, la oyó y fue incapaz de esperar un poco para comprar un billete y coger un barco que lo acercaran a Cuba. No. El abuelo, siempre según la abuela, se fue nadando hasta La Habana . Y cuando llegó allí, encontró a Gabriela esperándolo con una falda larga y abierta que le dejaba ver las piernas, un biquini escueto que le tapaba lo esencial de las domingas y una cesta de frutas tropicales en la cabeza. Vicente estaba empapado hasta los huesos de tan húmeda travesía, pero conservaba intacto en su cabeza un sombrero panamá blanco que le hacía juego con su traje también blanco de señorito español. Se miraron. Se gustaron. Y sellaron su unión bailando un tango de Carlos Gardel, que por aquel entonces estaba muy de moda, quizá porque todavía no había cometido el disparate de estrellarse con un avión.
( fotografía extraída de Internet)
martes, 11 de enero de 2011
OTRA VEZ DE VUELTA OTRA VEZ
Volví atravesando los Alpes blancos
que se confundían con el blanco de las nubes.
Un mar de luz . El infinito existe
y está ahí... tan cerca...
Pero antes, los árboles habían tejido su alfombra de hojas alrededor
y dormían. Serenos y pacientes, aceptando el ciclo de la vida.
Hicimos grandes amigos que nos cobijaron y nos dieron calor.
También encontramos frágiles florecillas empeñadas en sobrevivir.
Nos visitó la nieve. Tan silenciosa y enigmática como siempre.
LLegó, dejó su manto, y lentamente se evaporó.
Y mi pequeña Venezia nos estaba esperando. Gris, fría,
bella, melancólica y como siempre, romántica.
Una diva que siempre dejará a sus aguas
subir para acariciarla.
La niebla también vino a saludarnos y extendió su tenue velo
de novia.
Esta es la estación en que nacen las camelias
Aunque siempre hay alguien a quien no le gusta
la Navidad.
Muchas gracias por haberme esperado. Ya estoy aquí
y prometo leeros, contestaros, emocionaros, haceros sonreír
y tenderos una mano .
Gracias por estar ahí.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Monet. (Imagen recogida del blog eljardindemiduende.blogspot.com)
Hoy llueve y a través de mi ventana el paisaje se ve como el tren de este cuadro de Monet. Todo se desdibuja quizá para que todo siga creciendo y yo... me voy.
Esta entrada es una pequeña despedida hasta al menos el día 8 de enero, porque vuelvo a Italia a pasar las navidades, el año nuevo y los reyes ( que allí se convierten en La Befana, una bruja buena que reparte regalos y caramelos a l@s niñ@s.)
Así que lo más probable es que hasta al menos el día nueve de enero no tengáis noticia de mí, aunque también lo podéis ver por el lado bueno: no me leeréis quejarme, no tendréis que leer ninguno de mis poemas , no os contestaré tres o cuatro días después que vosotr@s tengáis la amabilidad de colgar algún comentario...
Pero por favor, a parte de todo eso, me gustaría que me echárais un poquito de menos. Sólo un poquito. Yo a cambio prometo acordarme de tod@s vosotr@s con mucho cariño.
Así que desde aquí os deseo :
FELIZ NAVIDAD.
FELIZ AÑO NUEVO
FELICES REYES MAGOS.
Y por favor, a pesar de la crisis, de las noticias catastróficas, de los malos humos y de tantas otras cosas más, procurad sonreir siempre porque no sabéis quién se puede enamorar de vuestra sonrisa.
Os dejo con mi segundo villancico favorito:
ADESTE FIDELES
Venid, venid fieles
ha nacido el Niño
Jesús, nuestro Salvador,
venid a Belén.
El Rey del Cielo
ha venido al mundo.
Venid a contemplarle
venid y adoradle,
venid y adoradle
es nuestro Señor.
Venid a contemplarle
venid y adoradle,
venid y adoradle
es nuestro Señor.
Imagináos un coro, imagináos la música, un órgano inmenso de iglesia....
Hasta pronto.
sábado, 4 de diciembre de 2010
LA FIESTA DE LA LUZ
La navidad. Recuerdo que cuando era niña me encantaba porque comía pastel de boniato y los Reyes siempre me traían regalos. Cuando me convertí en adolescente se puso de moda que a nadie le gustara la navidad y yo me afilié a esa moda, y le puse tanto empeño que cuando dejé de ser adolescente siguió sin gustarme. Y después entró en mi vida la espiritualidad y algunas leyendas que hablaban de tradiciones paganas y de la luz.
Pienso que con estas fiestas podemos hacer principalmente dos cosas: o vestirlas de consumo y de vacío, o consumir lo justo y abrirnos a la espiritualidad bien siguiendo una religión particular o bien metiéndonos hacia adentro y buscando en nosotr@s mism@s aquello que la mayoría de veces buscamos fuera y que por no tenerlo dentro no lo encontramos.
Me reconcilié con la navidad poco a poco pero ahora me alegro de haberlo hecho. Me gustan las calles iluminadas y los escaparates de las tiendas decorados de forma diferente a como lo están el resto del año. Me gusta ira a cenar con la familia que normalmente no veo demasiado el resto del año y me gustan esos tres magos excéntricos y ese abuelito vestido de rojo.
Y ¿sabéis una de las cosas que más me gusta? los villancicos. Porque son la expresión popular de la espiritualidad a través de la tradición oral. Y por ello os quiero dejar a modo de primer regalo de navidad, la letra de uno de mis villancicos favoritos:
LOS CAMPANILLEROS
En los campos de mi Andalucía
los campanilleros en la madrugá
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me hacen llorar
me hacen llorar
me despiertan con sus campanillas
y con sus guitarras me hacen llorar.
Los gitanos que van por el monte
cantando y bailando al amanecer
van tocando tambores, panderos,
cantándole coplas al niño de Dios
el niño de Dios
van tocando tambores, panderos,
cantándole coplas al niño de Dios
En la noche de la nochebuena
bajo las estrellas de la madrugá
los pastores con sus campanillas
adoran al niño que ha nacido ya
que ha nacido ya
los pastores con sus campanillas
adoran al niño que ha nacido ya
En los campos de mi Andalucía
los campanilleros en la madrugá
me despiertan con sus campanillas
adoran al niño que ha nacido ya
que ha nacido ya
me despiertan con sus campanillas
adoran al niño que ha nacido ya
que ha nacido ya
que ha nacido ya...
Hace muchos, muchos siglos, cuando el cristianismo ni siquiera había nacido, algunas tribus creían que los árboles se quedaban sin hojas porque su alma estaba muy triste. Ell@s sabían que la tristeza puede llegar a matar a cualquier ser vivo, así que para que se alegraran los decoraban con velas y objetos brillantes. De este modo, su alma no moriría y volverían a tener hojas.
jueves, 25 de noviembre de 2010
NO LAS OLVIDEMOS. NI HOY NI NUNCA.
SÁBADO 24 DE OCTUBRE
Querido tú:
Era sábado 24 de octubre y yo cumplí veintisiete años. Estaba sola en casa. Tú te habías ido, enfadado, despidiéndote sólo con tu gélida mirada. Esa mirada tuya que me hacía sentir prisionera, culpable, estremecida, mala y sobre todo, pequeña, increíblemente pequeña, increíblemente frágil.
Nunca me pegaste. No fui de esas mujeres hermanas mías que llevan un ojo morado, una pierna rota y cuantas cosas más. Pero sí me hiciste dos brechas, una en el cerebro y otra en el alma. Sí me llamaste imbécil. Sí me humillaste delante de todos. Sí me criticaste. Sí dijiste que no servía para nada… y yo, a fuerza de oírlo, me lo creí. Y también creí que no merecía nada porque nada era capaz de satisfacerte. Yo hice la comida dos horas antes para tener la seguridad de que estaría hecha cuando tú llegaras. Yo fui a ducharme a otra casa cuando en una rabieta tuya me cortaste el agua. Yo subí el volumen de la música para no oír tus gritos.
Removí cielo y tierra intentando comprenderte. Te expliqué cien veces cómo me hacías sentir. Pero estabas sordo. Te dije que buscáramos ayuda, pero no quisiste oír. Siempre decías que no necesitabas a nadie.
Y yo te quería, pero aquel 24 de octubre, el día que cumplí veintisiete años, comprendí que si yo me quería tenía que escapar. Con mis brechas en el cerebro y en el alma. Con mi vida rota. Con el miedo en el bolsillo… pero con esperanza.
Ya hace tres años. Sólo hace tres años. Ahora eres para mí un recuerdo, un velo sutil y delicado que a veces se descorre y me hace llorar.
No te odio. Cuando te veo siento una punzada de pena en el corazón por ti. Por todo lo que no ves por ser así. Por tu vida de puntillas con orejeras de burro mirando sólo hacia un lado.
Y he de decirte algo: ayer la vi. A esa mujer que ahora comparte tu vida, que ya no sonríe como antes, que era parlanchina y alegre y ahora sólo baja la cabeza y escucha. Le di mi teléfono y le dije: si me necesitas estoy aquí.
Atentamente
YO
Esta carta la escribí en un taller de escritura hace ya algún tiempo. Ahora ya sabéis por qué el día 24 de octubre es tan importante para mí: porque volví a nacer.
Por favor, no olvidemos nunca a esas mujeres torturadas día tras día .
Querido tú:
Era sábado 24 de octubre y yo cumplí veintisiete años. Estaba sola en casa. Tú te habías ido, enfadado, despidiéndote sólo con tu gélida mirada. Esa mirada tuya que me hacía sentir prisionera, culpable, estremecida, mala y sobre todo, pequeña, increíblemente pequeña, increíblemente frágil.
Nunca me pegaste. No fui de esas mujeres hermanas mías que llevan un ojo morado, una pierna rota y cuantas cosas más. Pero sí me hiciste dos brechas, una en el cerebro y otra en el alma. Sí me llamaste imbécil. Sí me humillaste delante de todos. Sí me criticaste. Sí dijiste que no servía para nada… y yo, a fuerza de oírlo, me lo creí. Y también creí que no merecía nada porque nada era capaz de satisfacerte. Yo hice la comida dos horas antes para tener la seguridad de que estaría hecha cuando tú llegaras. Yo fui a ducharme a otra casa cuando en una rabieta tuya me cortaste el agua. Yo subí el volumen de la música para no oír tus gritos.
Removí cielo y tierra intentando comprenderte. Te expliqué cien veces cómo me hacías sentir. Pero estabas sordo. Te dije que buscáramos ayuda, pero no quisiste oír. Siempre decías que no necesitabas a nadie.
Y yo te quería, pero aquel 24 de octubre, el día que cumplí veintisiete años, comprendí que si yo me quería tenía que escapar. Con mis brechas en el cerebro y en el alma. Con mi vida rota. Con el miedo en el bolsillo… pero con esperanza.
Ya hace tres años. Sólo hace tres años. Ahora eres para mí un recuerdo, un velo sutil y delicado que a veces se descorre y me hace llorar.
No te odio. Cuando te veo siento una punzada de pena en el corazón por ti. Por todo lo que no ves por ser así. Por tu vida de puntillas con orejeras de burro mirando sólo hacia un lado.
Y he de decirte algo: ayer la vi. A esa mujer que ahora comparte tu vida, que ya no sonríe como antes, que era parlanchina y alegre y ahora sólo baja la cabeza y escucha. Le di mi teléfono y le dije: si me necesitas estoy aquí.
Atentamente
YO
Esta carta la escribí en un taller de escritura hace ya algún tiempo. Ahora ya sabéis por qué el día 24 de octubre es tan importante para mí: porque volví a nacer.
Por favor, no olvidemos nunca a esas mujeres torturadas día tras día .
lunes, 15 de noviembre de 2010
AUNG SAN SUU KYI O EL TRIUNFO DE LA PACIENCIA. LA MAGIA DE UN JUEVES ENTRE REJAS.
A veces pasan los días sin que a simple vista ocurra nada importante. Pasan las mismas horas, los mismos minutos que el día o el año anterior, y de repente, como si salieran de la chistera de un prestidigitador, los acontecimientos comienzan a sucederse.
Hoy siento un sabor agridulce, pues por un lado una mujer incansable, budista, pacifista y líder de un partido democrático en un lugar donde no es fácil ser democrátic@ ha sido puesta en libertad por el gobierno militar y dictatorial de su país: la antigua Birmania. Estoy contenta por Aung San Suu Kyi y porque demuestra, una vez más, que la resistencia pacífica y la paciencia muchas veces llegan más lejos que las armas de fuego.
Pero por otro lado llegan noticias muy tristes de El Airun y yo, como tod@s l@s español@s con un poco de memoria histórica me siento en parte culpable de que todo esto esté ocurriendo. Demasiados años mirando para otro lado. Demasiados años lleva el pueblo saharawi pidiendo la independencia : " La arena de los relojes hizo crecer el desierto. (Ismael Serrano)".
Y dentro de mi día a día, he de deciros que el jueves viví una experiencia de una belleza fuera de lo común: M. Carmen Ribelles ( ya sabéis, la que " reparte conmigo, o yo con ella, la poesía) fuimos invitadas a dar un pequeño taller de poesía en la cárcel de Picassent. Al principio estábamos un poco a la expectativa porque nos imaginábamos el auditorio y pensábamos cómo podríamos hacer que la poesía fuera interesante para un grupo de mujeres que en la mayoría de los casos ha visto una o varias de las caras más amargas de la vida, pero decidimos ir.
Y fue mágico.
Parecía que las musas y las diosas esa mañana habían decido acompañarnos y hablar ellas a través de nosotras de poesía. Recitamos nosotras. Recitaron muchas de nuestras alumnas. Hablamos. Sugerimos. Escucharon. Hablaron. Escuchamos y reímos. Sobre todo, reímos.
Una de las chicas me prometió escribir un poema y dárselo a la persona que nos había invitado para que nos lo diera. Una mujer de mediana edad, cuando ya acabamos se dirigió a nosotras y nos dijo : " Yo no sé leer ni escribir pero m´ha gustao mucho lo que habís hablao" y nos dió un abrazo y un beso a cada una.
Cuando nos fuimos todas se acercaron a nosotras, nos saludaron y dijeron una y otra vez " gracias por haber venido... gracias por haber venido... gracias por haber venido..."
Y mi corazón les decía gracias a vosotras por habernos escuchado y por habernos abierto las puertas de vuestra alma.
Para ellas y para tod@s aquell@s que lo queráis leer he escrito este poema:
Hoy siento un sabor agridulce, pues por un lado una mujer incansable, budista, pacifista y líder de un partido democrático en un lugar donde no es fácil ser democrátic@ ha sido puesta en libertad por el gobierno militar y dictatorial de su país: la antigua Birmania. Estoy contenta por Aung San Suu Kyi y porque demuestra, una vez más, que la resistencia pacífica y la paciencia muchas veces llegan más lejos que las armas de fuego.
Pero por otro lado llegan noticias muy tristes de El Airun y yo, como tod@s l@s español@s con un poco de memoria histórica me siento en parte culpable de que todo esto esté ocurriendo. Demasiados años mirando para otro lado. Demasiados años lleva el pueblo saharawi pidiendo la independencia : " La arena de los relojes hizo crecer el desierto. (Ismael Serrano)".
Y dentro de mi día a día, he de deciros que el jueves viví una experiencia de una belleza fuera de lo común: M. Carmen Ribelles ( ya sabéis, la que " reparte conmigo, o yo con ella, la poesía) fuimos invitadas a dar un pequeño taller de poesía en la cárcel de Picassent. Al principio estábamos un poco a la expectativa porque nos imaginábamos el auditorio y pensábamos cómo podríamos hacer que la poesía fuera interesante para un grupo de mujeres que en la mayoría de los casos ha visto una o varias de las caras más amargas de la vida, pero decidimos ir.
Y fue mágico.
Parecía que las musas y las diosas esa mañana habían decido acompañarnos y hablar ellas a través de nosotras de poesía. Recitamos nosotras. Recitaron muchas de nuestras alumnas. Hablamos. Sugerimos. Escucharon. Hablaron. Escuchamos y reímos. Sobre todo, reímos.
Una de las chicas me prometió escribir un poema y dárselo a la persona que nos había invitado para que nos lo diera. Una mujer de mediana edad, cuando ya acabamos se dirigió a nosotras y nos dijo : " Yo no sé leer ni escribir pero m´ha gustao mucho lo que habís hablao" y nos dió un abrazo y un beso a cada una.
Cuando nos fuimos todas se acercaron a nosotras, nos saludaron y dijeron una y otra vez " gracias por haber venido... gracias por haber venido... gracias por haber venido..."
Y mi corazón les decía gracias a vosotras por habernos escuchado y por habernos abierto las puertas de vuestra alma.
En el lugar de las puertas cerradas,
a diez minutos de donde sale el sol,
llegan diligencias blindadas
que transportan escombros de sueños
escoltados por guardianes verdes
y familias que esperan
el eco lejano de una voz.
En el lugar de las puertas cerradas,
no se miran las pupilas,
no se pregunta por qué,
y la rutina no habla en tic-tac
solo grita en altavoz,
marca el ritmo de los pasillos largos,
dice dónde, dice cuándo, dice ahora.
En el lugar de las puertas cerradas
se cabalga a veces sobre el caballo blanco
que se lleva los dientes y construye palacios
más allá del muro.
Porque en el lugar de las puertas cerradas,
lejos es al otro lado del muro,
la luz está al otro lado del muro,
la libertad está al otro lado del muro
y el escalofrío congela las lágrimas
en este lado del muro.
En el lugar de las puertas cerradas
a veces se evaporan las fronteras
y princesas libres se encuentran con ninfas
que dejaron sus alas en aguas estancadas.
Las palabras son puentes y las risas descongelan
el frío del escalofrío.
En el lugar de las puertas cerradas,
a diez minutos de donde sale el sol,
a veces, solo a veces,
las princesas libres y las ninfas
que dejaron sus alas en aguas estancadas
olvidan por una hora
que en el país del "Aquí"
sobrevivir siempre es presente
y vivir siempre será futuro.
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