¡Qué fácil parece todo en la orilla de la mar! es como si se llevara los problemas y los cambiara por libertad.... me llevo tus ínfimas historias mundanas y te doy libertad. Puedes cogerla toda porque a mí me sobra, Te la regalo.
Remover la casa casi entera buscando un poemario escrito en la prehistoria y nunca publicado para salvar un poema que quizá estaría bien en el nuevo poemario... revolver cajones, ficheros, y en el camino toparme con recuerdos y personas, con tiempos pasados metidos en fundas de plástico como cadáveres esperando ser reconocidos.
Encontrar el poemario después de mucho tiempo. Arrugado y quizá triste. Encontrar el poema y leerlo una, dos, tres veces... decidir después de todo, que no sirve.
Si me despiertas con un poema
te donaré mi risa
todo el día y parte de la noche.
Pero si decides hacer poesía
con la soledad
también tendrás mi risa
para que despiertes.
Tengo en casa un piano azul aunque no sé ninguna nota.
Está a la sombra de la puerta del sótano, desde que el mundo se enrudeció.
Tocan cuatro manos de estrella -la mujer-luna cantó en la barca-, ahora bailan las ratas en el teclado.
Rota está la tapa del piano... lloro a la muerta azul.
Ah, queridos ángeles, abridme -comí del pan amargo- a mí con vida la puerta del cielo- incluso contra lo prohibido. Versión de Sonia Almau
Imagen: Claudia Tremblay
Obertura
Nos separamos en el preludio del amor... en mi corazón resplandecía aún clara tu palabra, y callados fuimos extinguiéndonos en el torbellino urbano, bajo el velo de la tarde del turbio septiembre en un sollozante acorde. Así en la breve obertura de amor nos esfumamos de esta tierra a través de paraísos hasta las puertas del cielo- y no fueron necesarios los juramentos de amor eterno ni los besos del azul y mágico crimen. Versión de Sonia Almau