martes, 21 de julio de 2015

21 de julio de 2015

Como todos los finales de julio, los preparativos del viaje...

Hasta hace diez años  mi vida había girado en torno a Valencia: viví mi  infancia en el mismo barrio, fui a un instituto que estaba a veinte minutos andando de ese mismo barrio, la facultad me alejó de casa todo lo que puede alejar un autobús de ida y vuelta en un mismo día.
 Y mi madre encantada con la cercanía porque siempre hemos sido una familia para la que vivir en el pueblo de al lado es estar demasiado lejos unos de otros.
Pero conocí a mi pareja actual y todo cambió porque es italiana.
Cada año, en navidad y verano vamos a ver a la familia de allí.
Para mí ha supuesto un gran aprendizaje.  Estoy aprendiendo a tener lejos a seres queridos y vivir con la nostalgia de la lejanía. El teléfono, las redes sociales, Skype, todo ello lo suaviza un poco, pero siempre hay alguien lejos. 
Si estoy aquí añoro a los de allí y cuando estoy allí me pregunto qué estará pasando allá.


Entre tanto, estoy aprendiendo un país: Italia.
Con sus complejidades y contradicciones, con su sentido del humor diferente, con su música, sus ritos, sus playas pijas de tumbonas y sombrillas iguales y alineadas que cuestan un potosí según te acercas a la orilla, su topless no prohibido pero no admitido, su italiano, que a veces se me tropieza y ni yo sé lo que estoy diciendo, su moderno clasicismo, su puritanismo sin anuncios de preservativos en la televisión, sus dilemas sobre la letra del himno (cuando le dije a una italiana que el nuestro sólo tiene música y que para compensar, cuando suena, todos decimos nana, nana, nananana..., se echó las manos a la cabeza) sobre quitar o no los crucifijos de las escuelas públicas (hasta gente de izquierdas es contraria a quitarlos alegando que es la tradición). Sus helados deliciosos, su fina pastelería...

En Italia aprendo a ser extranjera, es decir,  a no creer que mi cultura es el centro del mundo.  A tener que explicar quién es Joaquín Sabina, Chavela Vargas, Isabel Pantoja o qué es el gazpacho o las fallas. Me dicen que tengo el acento de Antonio Banderas (aunque él sea de Málaga y yo de Valencia, porque a los italianos, mi italiano y el de él , que sale en la tele de allí anunciando una marca de bollería industrial, les suena igual). Allí tengo que pensar cada palabra que digo, construir cada frase en mi mente para después decirla y, muchas veces, una vez dicha, darme cuenta de  que no he hecho una correcta concordancia del sujeto con el verbo, o que una palabra no se dice como la he pensado. Aquí la mente, para hacerme entender, tiene que trabajar el doble. Y a veces, cuando estoy en grupo y quiero decir algo, después de formar la frase en mi cabeza veo que he tardado tanto que ya han cambiado de conversación. 
Algunos de ellos me pregunta por el flamenco... no saben lo lejana que me siento de este tipo de música. Los toreros... yo soy antitaurina y tengo que explicarlo. Recuerdo un año que nada más bajar del avión mi cuñada me dijo que un torero guapísimo era modelo de Armani... Yo ni me había enterado. Me hablan de Calatrava.... Y pongo una cara fea que muchos no entienden. 

Pero me gusta el contraste.  El ir y venir. La añoranza.  La lejanía y la cercanía. Sumergirme en los vericuetos de un idioma y a través de él descubrir una cultura y encontrar personas que quiero en dos lenguas aunque ello suponga vivir en un continuo encuentro y despedida.

( Cristina Carrasco)
Imagen: Kostantin Razumov




lunes, 20 de julio de 2015

Haiku... o como quieras llamarlo

Dos ardillas
juegan
esta mañana nublada.

( Cristina Carrasco)



Imagen : Barbara Jaskiewicz 

jueves, 16 de julio de 2015

Tras la puerta de la alacena

Imagen: Natalia Goncharova

Tras la puerta de la alacena
tres hormigas han encontrado
el sustento  de un grano de azúcar.
Podría eliminarlas:
esas invasoras...
Podría justificar su sentencia de muerte:
esas ladronas...
Y hasta podría dar una razón poderosa:
esas reproductoras insaciables...
Pero lo único que hago 
es mirar el encanto de tres seres diminutos
cargados de azúcar.
¿ Quién soy yo para no dejar libre
su camino?
Las ayudo a salir por la ventana
con su dulce regalo. 

( Cristina Carrasco) 

lunes, 13 de julio de 2015

Algunas enseñanzas

Algunas enseñanzas
se toman suspirando
y el aire no alivia
el peso en el pecho.

(Cristina Carrasco)

Imagen: Der Jen

domingo, 12 de julio de 2015

Haiku... o como quieras llamarlo


Marchó el niño.
Flota en la piscina
su balón.

( Cristina Carrasco)
Imagen: Johanna Harmon


viernes, 10 de julio de 2015

Tres poemas de ShiroDani

CÓMO APRISIONAN
las cuatro paredes
que uno se construye
para no dejar entrar
a la liberad
ni al amor
que tanto se teme.
Cómo aprisiona
esa cárcel-pecho
que tú cubriste
con tu último adiós
para que no saliera
de ese des-amor
dejándome preso
ante tanta libertad,
libre entre tanta cárcel.
Cómo aprisiona
tener todas las llaves
de ninguna puerta,
de ningún cielo,
en este infierno.

Imagen: Susan Knox


ME POSO EN TU ALMA
para no despertarla
con voz de algodón.

Te llevas todo
sin pedir nada a cambio.
Tú, profundo río.

Así de corta,
como esta estrella fugaz
(que ahora miro)
es la eternidad. 

HERIDO DE AUSENCIA
busco incesante
mi sanación
en la belleza
que sólo tú albergas.


Estos y otros poemas se pueden encontrar en el poemario  titulado Quizá el amor y publicado por la editorial Babilonia.  

miércoles, 8 de julio de 2015

8 de julio de 2015

Aire de ventilador, gazpacho con aguacate, piel desnuda y como banda sonora, Lídia Pujol con Mariam Matrem...

Algunas personas tienen la facilidad o el equilibrio de seguir contando la historia de sus vidas en sus blogs o en las redes sociales como si a su alrededor todo fuera una balsa de aceite.
Siguen comentando sus progresos en la meditación, haciendo un diario de cómo crecen sus hijos o escribiendo sobre sus sentimientos, obstáculos y sueños sin que, en apariencia, ninguna situación social o política las perturbe.
Yo quisiera llegar a ese punto.
Como Emily Dickinson, que pasó una guerra por delante de su ventana y no escribió una palabra sobre ello.
Yo quisiera no pelearme con las noticias, que no me brotaran las lágrimas de alegría cuando en Grecia vence el NO, publicar en el blog o en las redes sociales poemas de amor y vivir en un continuo y aparente sueño de hadas y tardes de té.
Pero todavía no he aprendido y me muero de ganas de pedir firmas para millones de causas y de gritar tantas cosas y denunciar injusticias.
Me muero de ganas y si no lo hago, me siento culpable.
Entre tanto, está la meditación y la búsqueda del camino medio y ver que, tantas veces, señalo con el dedo y me dejo perturbar por el Samsara.
Ya quisiera yo tomar el té con pétalos de rosa y no mojar galletas en él, incluso en público, para no parecer maleducada ¡ pero qué buenas están las galletas en el té!.
Por ahora, pertenezco al Samsara, a este mundo tan imperfecto e injusto y grito y lloro y se me parte el corazón con cada ser enjaulado, con cada esclavitud, con todos los sufrimientos ajenos ( si es que a algún sufrimiento se le puede llamar ajeno). Y lo mejor de todo ( pese a lo que piensan algun@s) es que los tengo que escribir bien en prosa o bien en verso.
" No soy neutral" decía Mario Benedetti.
Maestro, yo tampoco.

( Cristina Carrasco)
Imagen: Sally Rosenbaum

domingo, 5 de julio de 2015

La no espera

Imagen: Nidhi Chanani


No alimenté el orgullo
de un buscador de tesoros
y marchó a por medallas
para sentirse grande.
Tal vez
vuelva a por el sombrero
que dejó en la entrada
o quizá
nunca mande un emisario...
No espero sus actos
mirando cómo bailan
las saetas con el tiempo
porque yo soy la danzarina.
La que hace
y canta.

( Cristina Carrasco)

domingo, 28 de junio de 2015

Si dices que no te alcanzo


Imagen: Vanessa Bell



Si dices que no te alcanzo
confiesas que no sabes llegar a mí,
que desde tu pedestal no ves
las raíces que me mueven.
No me obligo a vestir con harapos
porque no me rasgo las vestiduras
por tu mente confundida
en la ignorancia.
Arribarás al lugar que habito
en algún eón de la existencia.
Mientras tanto, sigo escribiendo
los versos que aprenderás a leer.

Este calor seca el agua del altar
y Buda sigue sereno.

( Cristina Carrasco)