Os escribo con el corazón nonmovido por la nostalgia y la ternura porque acabo de terminar de ver la miniserie que se ha hecho sobre la novela de Isabel Allende La casa de los espíritus.
Me ha encantado. Aunque la novela la habré leído unas tres veces más o menos, la serie me ha tenido enganchada a la pantalla cada uno de sus ocho capìtulos.
La casa de los espíritus es una novela muy especial para mí.
La primera vez que la leí fue hace cerca de veinticinco años y en aquel tiempo yo caminaba por un sendero de búsqueda y sanación personal después de un divorcio.
Me había planteado ser escritora y cuando leí el libro pensé ¿Qué novela voy a hacer si el libro que me hubiera gustado escribir ya está escrito?
Después de La casa de los espíritus he leído muchos libros de ficción y de no ficción, relatos, ensayos... pero ninguno, y digo ninguno, me ha dejado esa sensación de Ésto es lo que yo hubiera querido escribir. Bueno, siendo sincera, había sentido años antes esa sensación siendo adolescente cuando leí La Plaça del diamant, de Mercè Rodoreda.
Pero después de estas dos novelas, con ninguna más.
Hoy, desde la madurez y el realismo, sé que nunca escribiré una novela parecida remotamente ni a La casa de los espíritus ni a La plaça del Diamant. Es más, creo que nunca escribiré una novela.
Poco tiempo después de leer La casa de los espíritus vi la película y me gustó bastante, aunque se saltaba una generación, pero se lo perdoné porque aún así la película dura dos horas y media y estaba protagonizada por Meryl Streep, Winona Ryder y Antonio Banderas, entre otr@s.
Creo que la serie me ha gustado más porque profundiza en los pequeños detalles de la novela y porque en la película estaba muy bien este elenco de actores y actrices pero todo el mundo era blanco y la mayoría incluso rubi@s y de ojos claros. Sin embargo, la serie ha respetado los rasgos físicos, color de piel y acento. Todo mucho más real, porque no olvidemos que la acción se desarrolla en Chile.
El personaje de Clara siempre ha sido uno de mis favoritos dentro de la literatura. Hubo un tiempo en que pasaba algunos días del verano en Moraira, un pueblecito de Alicante, y cerca de la casa donde nos invitaban unos amigos a pasar esos días, en la fachada de otro chalet, se leía Del Valle, escrito con letras de hierro forjado. Cada vez que pasaba por delante me acordaba de Clara del Valle y su clarividencia y su fuerza.
También comencé a escribir un diario imitando los "cuadernos de escribir la vida" que escribía Clara. Dejé de hacerlo durante unos años y el veintitrés de marzo de dos mil catorce recomencé más en serio un diario en un cuaderno Moleskine que me habían regalado años antes mi cuñado y mi cuñada de Italia.
Comienza Así:
23 de marzo de 2014.
Sol y viento.
Hoy, domingo, a las 11:25 comienzo este diario. En el ordenador canta gianna Nannini "Fotoromanza" y Gianna, la de aquí, la de casa, arregla el baúl de leña. Bebo un té de bergamota ,el "té de Milán", y lo llamo así porque la primera vez que lo probé fue en casa de Valentina...".
Hoy en día sigo con el diario y ya son siete los cuadernos que he llenado.
La frase con la que comienza La casa de los espíritus siempre será uno de mis comienzos de novela favoritos, una apertura a la magia, los espíritus y un mundo entrelazado con la búsqueda de mí misma, un Érase una vez que abre la puerta a todo el poder de Clara Del Valle y lo que esta novela me transmitió:
"Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía".
Seguimos con el blog de los lunes, amigas.
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Texto: Cris Carrasco García